Personajes.
Deberían quedar unos seis o siete kilómetros para llegar a Villaviciosa. Era el momento de decidir entre dormir en Sebrayo, albergue situado en mitad de la nada y al que llega una camioneta con comida por la tarde ( que no esa modernez marketiniana del food truck), o continuar a la villa del Gaitero.
Los últimos kilómetros de cada día, tras ocho horas de pateo, siempre se hacen eternos: es más, juraría que son mucho más largos que los recorridos a las seis de la mañana. Consciente de que eran seis quería que alguien me lo confirmase con la esperanza de que me dijera que eran cuatro.
La señora era la clásica paisana mayor, hija de paisana, madre de paisana y, seguramente, abuela de nieta huida, erróneamente, hacia el barullo de la ciudad. Estaba en un huerto pegado al borde del camino.
"¡Buenos días!"
"¿Cómo cuánto quedará para Vsllaviciosa?"
"Ya estás casi. Unos seis kilómetros o seis abundantes"
Seis abundantes. No pude evitar sonreír hasta llegar a Villaviciosa a pesar de confirmarse la abundancia.
*( los cercanos a Asturias que traten de aplicar la musicalidad a las frases de la señora )

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