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jueves, 10 de junio de 2021

Tarde de música en un callejón

Era una tarde de junio y el calor no perdonaba creando esa situación en la que todo molesta. El calor y yo siempre nos hemos llevado regular tirando a mal y tenemos nuestra particular pelea. ⁣
Llevaba un rato sonando la música pero tardé un rato en percibirla y aún un poco más en sentirme atrapado por ella. Él tocaba la guitarra y ambos cantaban. Eran dos voces claras, limpias, redondas y potentes. Llegaban al alma como pocas cosas son capaces de hacerlo. Combinaban versiones con temas propios. A veces se corregían, ”sobra una nota. Volvemos a empezar”. Seguían cantando y, sobre todo, disfrutaban desde el anonimato de una ventana abierta a un tórrido calor de junio. ⁣
Decidí abrir mi ventana y apostarme en ella. Abandoné todo lo que estaba haciendo para escucharlos sin que ellos ni siquiera sospecharan que tenían a alguien haciéndolo. Cantaban para ellos pero creo que éramos muchos los que los disfrutábamos. Yo, sin ver a nadie más, intuía que éramos muchos entregados a sus voces que llenaban el estrecho y vacío callejón. ⁣
Sentí la necesidad de agradecérselo y decidí escribirles una nota manuscrita que les dejaría por debajo de su puerta. Ya había localizado donde vivían y merecían un aplauso. Ser capaz de tocar así la guitarra será siempre mi asignatura pendiente. ⁣
Mientras la escribía escuché un portazo que los delataba: salían de su casa. ⁣
No tardé ni tres minutos en llegar a su puerta. Para mi enorme sorpresa alguien había tenido la misma idea que yo y ya les había dejado una nota pegada a su entrada. Sonreí e introduje la mía por debajo de la puerta. Un simple papel escrito a mano con mi rotulador Edding 1200 azul. ⁣
Marché a la calle y me los crucé en el portal. No había duda de que eran ellos. Volvían felices con un par de botellas de agua y algo de comida. Nos saludamos pero sólo yo sabía que en unos minutos iban a comprobar, a través de esas notas manuscritas, que nos habían hecho disfrutar con sus voces, su guitarra y su complicidad. ⁣


#SacaLaFelicidadAPasear




martes, 19 de enero de 2021

Magdalenas con café con leche

 Quédate con quien te abra la puerta y te invite a merendar un café con magdalenas.

( En recuerdo de aquella tarde de febrero en la que tuve que conducir hasta Bronchales (Sierra de Albarracín) con la amenaza, cumplida, de una gran nevada para el regreso. Trabajaba para un banco y, además de labores rutinarias con los habitantes, tenía que cumplir con unos objetivos comerciales absurdos entre aquella gente. Me recibieron como siempre lo hacen en esos pequeños pueblos: al grito de "¡ha llegado el del banco!", invitándome a entrar, apretando las bombillas de las lámparas para que hubiese más luz, sentándome a merendar unas exquisitas magdalenas con café con leche y dándome conversación.

A la vuelta hacia Teruel, de noche, en plena nevada y poniendo las cadenas, empecé a tomar la decisión que más marcó mi vida profesional: dejar el banco en el que apenas llevaba unas semanas y hacer caso a mi vocación. )


#SacaLaFelicidadAPasear




martes, 27 de octubre de 2020

La fila de 1941

Hace unas semanas, mientras hacíamos fila para comprar el pan, vi cómo se acercaba un hombre mayor al que presumí mucha vida debajo de la gorra que le cubría la cabeza. Era una de esas gorras que no todo el mundo puede ponerse al salir de casa pero que todos admiramos en los que las llevan con naturalidad. Yo estaba el penúltimo y sólo me seguía un veinteañeros ajeno a lo que le rodeaba. El hombre de la gorra me saludó, lo saludé y buscó la conversación.

"- La última vez que hice fila en la calle para comprar el pan fue en el 41. ¿Qué te parece?"

Lo dijo con tristeza y un leve movimiento de cabeza.

Fue imposible no imaginar a ese niño con pantalón corto en aquella fila gris de la posguerra seguramente mucho más triste y solitaria.

Nada hacía presagiar que, unas semanas después, escucharíamos el toque de queda.

Volveré a hacer fila en el mismo sitio parar tratar de encontrar al señor mayor de la gorra. Lo esperaré al salir de la panadería y lo acompañaré caminando. Quiero que me lo cuente todo. Que me lo cuente él en lugar de los que dicen que se lo han dicho.

Hace algunas semanas más miraba Ordesa desde arriba, de norte a sur, y seguía siendo todo tan bello. Cuando dentro de unos años esté en una fila de una panadería se lo contaré al penúltimo.

#SacaLaFelicidadAPasear










domingo, 6 de septiembre de 2020

El Pirineo. Un sueño infinito (2)

Habían pasado doce meses de los cuales nos hubiese gustado borrar los cinco últimos.

Un año antes nos habíamos citado en el mismo lugar. Eso era lo más seguro que teníamos. Nada ni nadie lo debía impedir. Lo que no sospechamos es que lo último que íbamos a hacer antes de volver a caminar de este a oeste el Pirineo era quitarnos una mascarilla. O una puta mascarilla que es cómo se las conoce popularmente porque, se pongan cómo se pongan, aunque obligatorias y aconsejables son un coñazo. 

Nos taparán la cara ocultando sonrisas pero no nos robarán ni las pisadas ni las huellas.

Así lo hicimos. Las guardamos en alguno de los compartimentos de la mochila y quedó aparcado el Covid. O la Covid. O cómo quieran llamarlo. No volvimos a hablar de él hasta que terminamos. Es una de las ventajas del aislamiento natural no forzado y de la falta de información constante. 

“-¡Viva la falta de cobertura, Movistar!”

Somos animales sociales y rápidamente nos acostumbramos y nos adaptamos al medio en el que estamos. Ni una palabra, ni un pronóstico, ni un recuerdo de esos tristes meses de primavera. Ni un comentario acerca de la enésima ocurrencia de los que nos gobiernan, de los que se oponen y de los que comentan en las tertulias. Ni un sólo tuit. Ni una estadística. Nos sobra mucho ahí fuera, incluso nos sobran muchos, y con qué poco se puede disfrutar tanto.   

Subimos y bajamos y nos cruzamos con otros que también lo hacían. Valoramos lo cercano y lo inmediato, lo auténtico y lo sencillo, lo que realmente merece la pena para seguir descubriendo la belleza que nos rodea y la felicidad del esfuerzo personal compartido. Nos ayudaron sin tener que solicitarlo y compartimos con los que creímos que lo necesitaban.

Se mantiene y perdura, a pesar de todo, el hábito del saludo al cruzarse con alguien. Sea en el idioma que sea: el va dónde tú vienes. Ambos conocemos una parte, la que el otro desconoce. Ella era alemana y llevaba muchas semanas sola. Nos entretuvimos un rato compartiendo lo que sabíamos del recorrido que le faltaba. Tenía ganas de llegar al Cantábrico para bañarse.

“-En unos días estás en el Cabo de Higuer. Acampa junto al mar y podrás bajar a bañarte.

- Eso es fantástico.”

Realmente le quedaba más de lo estimado pero eso no le importaba. Son encuentros cortos e inesperados que cuentan como horas.   

Disfrutamos de la belleza de la tormenta que no acaba y del inesperado frío de la madrugada cuando aún el sol duda entre sonreír o simplemente guiñar con complicidad entre nubes que se agarran a las cimas. Del barro y del calor. Del amanecer y de pelar un melocotón en la orilla de un río. De las rocas y las cumbres. De bajadas infinitas y del peso de la mochila. De las vacas y de las distancias que no acababan. Del agua fría y del cansancio. Del almuerzo de media mañana y del sonido de la alborada.

Salimos de Ochagavía y tuvimos que parar en Respomuso mirando al Tebarray y a las tormentas seguras. Ya estamos citados de nuevo y ojalá pudiésemos volver a coincidir con el francés de Saint Jean Pied de Port que nan tiene su tienda para peregrinos, con los cinco vascos de Elgoibar, más jóvenes y más rápidos, con Carlos, el de la tienda ligera que nos calentó agua una muy fría mañana, con María, la profesora que amaneció entre vacas y retó a la tormenta, con los que nos dieron todo su agua en el refugio de Aguas Tuertas...

Hay tanto que recorrer y tanto que contar. Míralo.

#SacaLaFelicidadAPasear







viernes, 21 de agosto de 2020

Despertar

Aún no asomaba el sol y la temperatura se resistía a subir. El cielo estaba limpio, azul de mañana. Sabía que el día sería caluroso pero esas últimas horas de la noche habían sido muy frías y mantener el sueño no había sido fácil. Apurar no servía de nada y lo mejor era activarse. Caminar muy temprano es muy agradecido y permite evitar el calor de las cuatro de la tarde.⁣⁣

⁣⁣

Él llevaba años repitiendo las mismas rutinas al amanecer. No tenían nada que ver con ordenar su habitación, ni preparar un desayuno complicado, ni ponerse a hacer abdominales. Se despertaba y, ante su ausencia, hablaba sin esperar una respuesta que nunca llegaba, preguntándole si aún recordaba aquella noche, víspera de cumplir un sueño. ⁣⁣


Le costaba interpretar el silencio y la distancia que estaba convencido eran muy frágiles y que se romperían con una simple mirada aunque fuese casual o furtiva.

⁣⁣

Solía abrazar la esperanza y se respondía a si mismo que sí, que cómo iba a haberlo olvidado, que lo dibujaba cada madrugada en ese intervalo que existe entre que se apaga la lámpara de la mesilla y se engancha el sueño cuando uno aún elige lo que recuerda. 


Cuando asomó el primer rayo de sol estimó cuánto tiempo le costaría ⁣⁣vencer a la sombra de aquel pico del que no sabía su nombre. Quería saber cuánto tiempo quedaba para que empezase a calentar el día. 

⁣⁣

⁣⁣

 #SacaLaFelicidadAPasear⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣






viernes, 14 de agosto de 2020

Prendió el fuego y se marchó el olor

La noche había sido larga, fría y muy ventosa. Por momentos, antes del amanecer, pensó que no podrían seguir hasta que amainase. Al abrir la puerta del viejo refugio se cumplió lo que suele ser habitual: las noches confunden y tienden a aumentar la importancia de las dificultades. Salvo una niebla lejana, todo aparecía despejado. ⁣

Se habían acostado pronto, cuando aún no había anochecido. No tardaron en coger el primer sueño de la larga serie en la que se dividen las noches incómodas. A la media hora se abrió la puerta y se asomó el primero de los tres que lo harían en un intervalo de hora y media. Al comprobar que estaba todo ocupado, y ante la disyuntiva de echar el saco al duro cemento o al suelo pastoso, los tres optaron por lo último y acamparon junto al río sin pensar en el frío y la humedad de la madrugada. ⁣

A medianoche y sin avisar un fogonazo, mucha luz y un ruido sordo, los despertó. Cómo en una mala película, pero esta vez en serio, la chimenea, atizada por un intenso vendaval, prendió súbitamente despertándolos del cuarto sueño y ahumando el pequeño habitáculo que habían ordenado al llegar a media tarde. Sin opción para apagarlo, estuvieron mirando el fuego consumirse preguntándose cómo había sido posible que se encendiese él solo y agradeciendo haberse despertado. ⁣

Ciertas fogatas impregnan un olor a la ropa, el pelo y la piel que perdura más que un mal recuerdo. Por suerte, al cruzar el Collado de Toronez d'as Cabretas surgió el ibón. ⁣



jueves, 7 de mayo de 2020

Gente de paseo

Solía ser bien avanzada la tarde, normalmente un domingo. Vivíamos en la calle Mayor de Jaca y ya no quedaban turistas ni visitantes de fin de semana. Habíamos comido tranquilamente y leído los periódicos y suplementos que aún comprábamos en papel. ⁣

Cuando ya la tarde enfilaba ese punto de no retorno a partir del cual te dejas ir y sólo se rompe con el despertador del lunes, solía surgir la propuesta:⁣

“- Estos niños tendrán que salir ¿no?”⁣

Forma parte del catálogo de grandes frases familiares. ⁣

Era hora de dar un paseo, calle Mayor arriba y abajo, Paseo de invierno, Regimiento Galicia, columpios frente al Gran Hotel, Catedral.... y así hasta regresar. ⁣

Este mes de mayo hemos recuperado el paseo y con él el saludo sincero y espontáneo con aquellos con los que te cruzas. Es habitual hacerlo en la montaña y es bonito hacerlo en la ciudad pese a la sorpresa de algunos. ⁣

Esperemos que dure. ⁣

Ayer el mar estaba en una intensa y sorprendente calma. ⁣

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes. ⁣⁣⁣


#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa⁣⁣⁣




domingo, 3 de mayo de 2020

Los esfuerzos dirigidos

Hace ya doce años - jodo cómo vuela el tiempo - el día de la apertura al público de la Expo 2008 de Zaragoza, opté por situarme solo en un lugar donde poder disfrutar de la entrada del primer visitante. Era una manera de vivir el resultado y el esfuerzo de mucha gente. Todos los que directa o indirectamente habíamos colaborado en ese esfuerzo colectivo alcanzábamos el objetivo que, sin lugar a dudas, iba a marcar el futuro de nuestra ciudad.

Cuando el primer visitante rebasó el control de acceso, avanzó y empezó a girar la cabeza buscando y descubriendo el recinto que habíamos preparado durante años, me emocioné y no quise retener unas lágrimas de felicidad que recorrieron mis mejillas.

Ayer, a primera hora, me preparé para salir a correr. Llevamos medio centenar de días de esfuerzo colectivo para luchar contra el bicho. Esto también marcará el futuro no sólo de nuestro país sino del mundo entero. Vivo en una zona poco poblada así que tardé unos minutos en cruzarme con alguien.

Los vi venir. Era una pareja que, sin duda, también había salido a caminar y recuperar algo de su libertad. A medida que nos acercábamos sentí la emoción y el cosquilleo de un reencuentro furtivo. Al cruzarnos nos miramos sonriendo y tan sólo nos dijimos buenos días. Desconozco qué pensaron pero yo esta vez tampoco reprimí esas lágrimas felicidad. Son bonitas.

Ambos esfuerzos colectivos merecieron mucho la pena. Dejando al margen la gravedad, ojalá que este segundo hubiese estado dirigido con la misma profesionalidad, compromiso, constancia, empatía, claridad de ideas, seriedad, competencia y espíritu colectivo que el de 2008. Me hubiese emocionado igual pero ahora tal vez tuviese más confianza y menos tristeza por lo que tenemos.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa











sábado, 2 de mayo de 2020

Por fin a correr

Voy a salir a correr y sentirme libre.

Aunque en estos ya casi cincuenta días lo más emocionante que he hecho ha sido ir a Mercadona, a la panadería, dos veces a la farmacia y a subir la compra a mis suegros, ahora, al ponerme las zapatillas, una camiseta, un par de calcetines, una gorra y el cinturón para el móvil, empiezo a saborear lo que es la libertad.

En las películas americanas se tira mucho de eso que llaman "la condicional" o "la vigilada", en las que asignan una especie de acompañante permanente. A nosotros nos pretenden acompañar también pero no para reinsertarnos sino para tratar de domesticarnos.

Voy a correr. Y a sentir cómo me abofetea el viento en la cara. Ojalá que, incluso, lloviese y volviese chipiao. Qué no quedase nada seco.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa



domingo, 26 de abril de 2020

Bajar para llegar

La desescalada, palabra que nos acompañará durante una temporada hasta que alguien imponga la siguiente, tiene varias fases. Al principio se toma con fuerza e ilusión: hemos hecho cima y, normalmente, no hay que volver a esforzarse en subir. Erróneamente puede creerse que ya se hizo todo el esfuerzo olvidando que la bajada puede ser larga, tediosa, aburrida y, si uno se relaja, hasta peligrosa. Muchos de los rescates son en los descensos y a destiempo.

Sin embargo, solemos saber dónde vamos porque alguien sigue llevando el mando, fijando pautas y marcando ritmos. Confianza y experiencia. Sabemos que al final del camino beberemos una cerveza compartida, miraremos de nuevo hacia arriba y estaremos orgullosos del esfuerzo y de todo lo descubierto.

También nos detendremos de vez en cuando; a veces incluso almorzaremos o nos bañaremos en una poza aunque eso signifique descalzarnos. Nos cruzaremos con algunos que habrán decidido subir a deshoras levantando nuestras dudas por incumplir lo recomendado.

"-¿Dónde irán a estas horas y así equipados?"

El calor, ya de por si incomodo compañero, podrá convertirse en muy incómodo. Incomodísimo. Volveremos a pasar por los mismos lugares pero los miraremos diferente. Es igual pero no es lo mismo.

"-¿Por aquí hemos pasado? ¿Todo esto hemos subido?"

En muchas ocasiones, como en la propia vida, no somos conscientes del camino recorrido ni del esfuerzo invertido.

A ratos charlaremos. Asuntos que van y vienen. Preguntas para provocar sonrisas. Sugerencias para el futuro. Complicidades evidentes que sólo requieren de una mirada o declaraciones que sólo se hacen tumbados.

"-¿Qué tal vas?"

Primero no pensaremos en el final, luego lo intuiremos, nos parecerá verlo entre los árboles y, finalmente, aparecerá ante nuestros ojos aún a mucha distancia aunque ya escuchemos el juego infinito del agua en el río. Lo cruzaremos.

Hay bajadas que se hacen largas y penosas. Sabemos dónde vamos y eso nos impide disfrutar. Tan sólo devoramos kilómetros en mucho silencio. Avanzar para llegar. Algunos acelerarán por inercia, los perderemos de vista hasta que decidan detenerse para reagruparse. Seguiremos bajando. Seguiremos pensando. Miraremos mucho menos que al ascender.

En la llegada todo se acabará y nos quitaremos el peso, a veces con mucho brío pero tratando de mantener un orden. Habremos terminado. Estaremos donde al principio pero más felices, orgullosos de nosotros y de los que lo habrán compartido.

Sentados y descalzos, disfrutaremos. No hay un atardecer igual.



Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes

#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa.




miércoles, 22 de abril de 2020

Subiendo

Teníamos por delante una continua subida que solo nos permitía hacernos una idea de lo que nos faltaba hasta poder cambiar de trayectoria. Aún no veíamos la cima. En esos momentos cada cual tira de recursos internos, se los aplica y, chino chino, vamos tirando. ¿En qué iremos pensando?

No creo habérselo preguntado nunca a nadie porque son, probablemente, de los momentos de mayor introspección en los que uno pueda encontrarse. Vamos solos y cargados de nuestra propia vida. De frases, de vivencias, de imágenes, de recuerdos, de deseos y también de algún problema.

Mientras, entre la belleza y el silencio, se busca una referencia y se trasforma en reto. Se alcanza y surge otra. Y así, una detrás de otra, vamos llegando.

Entonces, alcanzada la cima, surge el somos y todo se comparte para después quedarse.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa




martes, 21 de abril de 2020

Celebraciones

¿Por qué hay que celebrar especialmente los múltiplos de cinco?

¿Por qué cinco, diez, veinte, veinticinco, cincuenta?

Aunque nos acabó lloviendo y eso, en el fondo, gusta, no creo que hubiese mejor manera de celebrar el vigésimo sexto aniversario de nuestra licenciatura que bajando de Ordesa y bailando sobre un tronco.

En realidad, lo de aniversario era una excusa porque ya habíamos celebrado, también en el monte, el vigésimo quinto. Volvimos a juntarnos porque es lo que desde hace mucho tiempo llevábamos repitiendo aunque cada vez con menor frecuencia.

Organizar para otros es de lo que mayores satisfacciones personales genera. Quizás por eso, de forma natural, me he dedicado a ello de forma personal y profesional desde muy joven.

"- Hay que repetir esto, Koldo.Ve buscando sitio"

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes

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domingo, 19 de abril de 2020

Bébela con sed

Incorporándome a una de las fases del ciclo del agua.

Nunca me había parado a pensar en ello. Fue uno de mis jefes - he tenido varios, algunos muy buenos jefes y mejores personas - quién me hizo comprender que siempre hay la misma aunque mal distribuida.

Dicen que es incolora, que no tiene olor ni sabor. Pero deben referirse a la del grifo o a la embotellada. Mira cómo cae, respira a su lado, bébela con sed.

Años filtrándose para volver a aparecer y resurgir con brío donde le haya llevado la roca.

Nos mojamos la cara y la escuchamos pasar un buen rato. Descubrimos que también sonaba con ritmo mientras incorporamos nuestra propia letra de la canción. Supimos encajar.

Seguramente sonreía y nos animaba a seguir.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.


#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa







jueves, 16 de abril de 2020

Iñaki Ochoa de Olza

En esta serie de pequeños relatos diarios en época de pandemia, el hilo conductor es la felicidad. La idea me vino, entre otras cosas, tras un mensaje de mi padre cuando le mandé una foto de la que, con el tiempo, ha sido mi última salida al monte.

"Es la imagen de la felicidad", me contestó.

Era una foto espontánea, nada posada, en el entorno y con la gente adecuados.

Qué bueno es reconocer la felicidad en los demás. No confundirla con el interés, el afán de poseer, la lucha por el poder o la riqueza, la notoriedad, el protagonismo desmedido.

Iñaki Ochoa de Olza fue un montañero, alpinista e himalayista navarro que falleció cuando intentaba ascender el Annapurna. Fue protagonista de uno de los rescates (fallido) más heroicos que se recuerdan.

Pasado un tiempo de su muerte, su madre, Pilar Seguín, declaró:

"Los padres lo que queremos es que nuestros hijos sean felices, no abogados".

Toda una declaración.

Ese día no pudimos llegar a la cima. Muchas veces hay que saber decir no para regresar a gusto. Almorzamos en la orilla del ibon. Solos. Dormimos un rato con la tranquilidad que dan los lugares donde no puede llegar todo aquello de lo que nos apartamos.

Al despertar comprobamos que todo seguía igual. No había sido un sueño. Seguíamos bajo el mismo cielo.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa



miércoles, 15 de abril de 2020

Operación Garmo Negro

Aquella vez le pusimos nombre y fue nuestra particular versión del "Salvar al soldado Ryan".

La operación Garmo Negro que, más tarde y por otros motivos, se complicó en la bajada, permitió recolocar piezas que andaban algo revueltas.

Bien es verdad que fue completa cuando, después de cenar, apoyados en un tonel, hicimos balance de todo.

Desde aquella vez, si la situación lo aconseja, montamos operaciones Garmo Negro para celebrar la amistad.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.


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lunes, 13 de abril de 2020

Zabardast

En urdu se dice zabardast.

Cuando se alcanza la cima, sea la que sea, conviene disfrutarlo, mirar bien lo recorrido y preparar la bajada. También comer algo.

No hemos terminado y hay que saber regresar.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

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domingo, 12 de abril de 2020

Las calles de tu ciudad

Suelen ser en domingo. Temprano para que protesten los menos. Sí, los hay a los que les molesta que, de vez en cuando, haya personas corriendo por las calles en lugar de coches yendo de compras.

Tras el barullo y los cánticos de la salida, cada uno entra en su silencio. Sólo se escuchan pisadas y respiraciones que se aceleran. Algunos escupen. Otros tosen nerviosos. Cada uno traza su estrategia para recorrer calles silenciosas mientras los semáforos siguen, sin sentido alguno, sus ciclos que nadie respeta.

A pesar del asfalto, los edificios y las curvas en ángulo recto, recorrer así tu ciudad tiene su parte de belleza. Es ella la que te homenajea. El Pilar y su plaza emocionan mientras corres entre ellos.

Nunca he sido de competir contra el cronómetro ni contra nadie en estas pruebas. Tan sólo correr por sentir.

"Lo importante es participar", decía aquella campaña. "Lo más importante del deporte no es ganar, sino participar, porque lo esencial en la vida no es el éxito, sino esforzarse por conseguirlo", afirmaba Coubertin.

Quedaban pocos kilómetros y me dolía todo. Pensaba en detenerme junto al Ebro cuando escuché una voz, mi nombre y una sonrisa conocida. Una palmada, "¡venga, va!" de Jordi Dalmau y a correr otra vez.

La segunda ayuda fue anónima. Se colocó junto a mi una mujer de la que sólo recuerdo que llevaba un pañuelo en forma de cinta en la frente. Y una voz suave.

"¿Llegamos juntos?"

Y tanto que lo hicimos. Sonriendo y abrazándonos.

"Muchas gracias"

Y desaparecimos para siempre. O hasta ahora.


Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

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viernes, 10 de abril de 2020

Para salir de la niebla

Hoy llueve.

Aquel día también llovía pero bastó cambiar de valle para, una vez fuera de la niebla, comprobar que era, pese a densa, pasajera y superable.

Teníamos ventaja. Contábamos con alguien que domina su trabajo, que entiende de riesgos, que aporta soluciones, que sabe lo que pisa.

Pero sobre todo con alguien que se preocupa por el grupo, que transmite total confianza y que entiende de empatía. Alguien que jamás te meterá en un lío e intentará salvarse él y su perro.

Se puede salir de una densa niebla y volver a la belleza. Pero antes y mejor en buenas manos y mejor cabeza.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

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martes, 7 de abril de 2020

El rodillo

Creo que llegados al día veintipico ya podemos reconocer, sin rubor pero con conocimiento, que hacer rodillo con la bici es muy aburrido.

Menos mal que pude conseguir uno unos días antes de encerrarnos. Gracias a eso puedo seguir con las rutinas deportivas. Pero es tremendamente aburrido y me cuesta tanto creer que alguien se divierta aún poniéndose en la pantalla de la tableta el recorrido de la Quebrantahuesos o la etapa reina del Tour...

A partir del minuto 35 ya hay que tirar de recuerdos. Todos disponemos de una despensa llena.

Yo suelo buscar en la estantería de las delicatessen. Y, entonces, los minutos empiezan a volar.

O, por lo menos, eso intento.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

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lunes, 6 de abril de 2020

Bonita palabra es escampar

Hicimos caso al guarda del refugio e iniciamos inmediatamente el descenso. Iba a ser bastante largo así que, en silencio, los tres nos pusimos en fila, se nos tensaron los músculos y subimos el ritmo. En ciertos momentos, cuando las cosas se complican, suelen coincidir las conclusiones: lo importante es que alguien las aplique.

Nadie dudaba de que nos iba a pillar la tormenta pero cuanto más abajo, mejor.

Hasta ese momento todo había sido primaveral. Habíamos madrugado bastante para poder llegar hasta la cima. La previsión meteorológica no incluía tormentas lo que nunca significa que no puedan organizarse y liártela. Íbamos convenientemente equipados, disfrutando y con los ojos bien abiertos.

"Démonos vida"

Jamás he visto caer tanto agua con tan mala leche. En unos segundos aquello se convirtió en un campo de batalla en el que de nada servía ni correr, ni buscar, ni siquiera pensar en dónde refugiarse. No había nada más que cielo negro abriéndose las tripas para que escaparan rayos y sonasen truenos. Latigazos. Unos cerca, otros más lejos. No había nada dónde guarecernos. Sabía que encontraríamos un refugio más abajo pero quedaba un rato bien largo.

Hay tormentas que parecen ser la última, la que no tendrá un fin ni un después. Ésta lo era.

El grupo es lo que cuenta y lo que hay que mantener. Cuando aquello arreció nos juntamos unos segundos, nos protegimos del viento, nos abrazamos, algo nos dijimos que no recuerdo y ya no quedó duda de que llegaríamos abajo. Nos habíamos armado de confianza.

En cualquier caso, todo seguía muy oscuro.

Desde algún lado que nunca entendimos apareció una pareja desorientada. Nos debieron ver a lo lejos y esperaron que llegásemos. Aún teníamos que cruzar un pequeño nevero y no tenían claro cómo hacerlo. Hay ciertas cosas que juntos, mejor. No hicieron falta palabras. A partir de ese momento fuimos cinco. Lo cruzamos sin problemas y ya sólo quedaba caminar. En realidad hubo alguno pero pronto lo olvidamos.

Los que ya se habían refugiado nos divisaron antes que nosotros a ellos. Según nos contaron, nos veían desde hacía rato pero nosotros sólo los imaginábamos. Desde una pequeña ventana lateral iban contando los pequeños grupos que llegaban. Nosotros fuimos los últimos.

Era una muy simple construcción para ganaderos. Algo sucia, la verdad. Hay gente que nunca piensa que tras ellos vienen otros y que sus restos de basura no aportan nada bueno. Hay gente que no sabe qué huellas dejar y sólo dejan sus restos de suciedad. Física y de la otra que es peor.

Esa borda no tenía nada pero en aquel momento lo tenía todo. Tenía un techo y un grupo de gente que, sonriendo y animando, nos acogió al llegar, nos hizo hueco al fondo y nos acompañó mientras escampaba. Tratamos de secarnos, rescatar algo de ropa seca de la mochila y esperar.

Decidimos organizarnos y salir juntos. En varios grupos y en una larga fila, uno por uno, fuimos llegando al puente que cruza el río Ara en Bujaruelo.

Es un puente románico del siglo XIII por el que han cruzado miles de contrabandistas, peregrinos y los últimos, hasta ese momento, fuimos nosotros levantando los brazos al cielo.

Empezaba a escampar.


Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes

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