lunes, 6 de abril de 2020

Bonita palabra es escampar

Hicimos caso al guarda del refugio e iniciamos inmediatamente el descenso. Iba a ser bastante largo así que, en silencio, los tres nos pusimos en fila, se nos tensaron los músculos y subimos el ritmo. En ciertos momentos, cuando las cosas se complican, suelen coincidir las conclusiones: lo importante es que alguien las aplique.

Nadie dudaba de que nos iba a pillar la tormenta pero cuanto más abajo, mejor.

Hasta ese momento todo había sido primaveral. Habíamos madrugado bastante para poder llegar hasta la cima. La previsión meteorológica no incluía tormentas lo que nunca significa que no puedan organizarse y liártela. Íbamos convenientemente equipados, disfrutando y con los ojos bien abiertos.

"Démonos vida"

Jamás he visto caer tanto agua con tan mala leche. En unos segundos aquello se convirtió en un campo de batalla en el que de nada servía ni correr, ni buscar, ni siquiera pensar en dónde refugiarse. No había nada más que cielo negro abriéndose las tripas para que escaparan rayos y sonasen truenos. Latigazos. Unos cerca, otros más lejos. No había nada dónde guarecernos. Sabía que encontraríamos un refugio más abajo pero quedaba un rato bien largo.

Hay tormentas que parecen ser la última, la que no tendrá un fin ni un después. Ésta lo era.

El grupo es lo que cuenta y lo que hay que mantener. Cuando aquello arreció nos juntamos unos segundos, nos protegimos del viento, nos abrazamos, algo nos dijimos que no recuerdo y ya no quedó duda de que llegaríamos abajo. Nos habíamos armado de confianza.

En cualquier caso, todo seguía muy oscuro.

Desde algún lado que nunca entendimos apareció una pareja desorientada. Nos debieron ver a lo lejos y esperaron que llegásemos. Aún teníamos que cruzar un pequeño nevero y no tenían claro cómo hacerlo. Hay ciertas cosas que juntos, mejor. No hicieron falta palabras. A partir de ese momento fuimos cinco. Lo cruzamos sin problemas y ya sólo quedaba caminar. En realidad hubo alguno pero pronto lo olvidamos.

Los que ya se habían refugiado nos divisaron antes que nosotros a ellos. Según nos contaron, nos veían desde hacía rato pero nosotros sólo los imaginábamos. Desde una pequeña ventana lateral iban contando los pequeños grupos que llegaban. Nosotros fuimos los últimos.

Era una muy simple construcción para ganaderos. Algo sucia, la verdad. Hay gente que nunca piensa que tras ellos vienen otros y que sus restos de basura no aportan nada bueno. Hay gente que no sabe qué huellas dejar y sólo dejan sus restos de suciedad. Física y de la otra que es peor.

Esa borda no tenía nada pero en aquel momento lo tenía todo. Tenía un techo y un grupo de gente que, sonriendo y animando, nos acogió al llegar, nos hizo hueco al fondo y nos acompañó mientras escampaba. Tratamos de secarnos, rescatar algo de ropa seca de la mochila y esperar.

Decidimos organizarnos y salir juntos. En varios grupos y en una larga fila, uno por uno, fuimos llegando al puente que cruza el río Ara en Bujaruelo.

Es un puente románico del siglo XIII por el que han cruzado miles de contrabandistas, peregrinos y los últimos, hasta ese momento, fuimos nosotros levantando los brazos al cielo.

Empezaba a escampar.


Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes

#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa






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