Hace ya doce años - jodo cómo vuela el tiempo - el día de la apertura al público de la Expo 2008 de Zaragoza, opté por situarme solo en un lugar donde poder disfrutar de la entrada del primer visitante. Era una manera de vivir el resultado y el esfuerzo de mucha gente. Todos los que directa o indirectamente habíamos colaborado en ese esfuerzo colectivo alcanzábamos el objetivo que, sin lugar a dudas, iba a marcar el futuro de nuestra ciudad.
Cuando el primer visitante rebasó el control de acceso, avanzó y empezó a girar la cabeza buscando y descubriendo el recinto que habíamos preparado durante años, me emocioné y no quise retener unas lágrimas de felicidad que recorrieron mis mejillas.
Ayer, a primera hora, me preparé para salir a correr. Llevamos medio centenar de días de esfuerzo colectivo para luchar contra el bicho. Esto también marcará el futuro no sólo de nuestro país sino del mundo entero. Vivo en una zona poco poblada así que tardé unos minutos en cruzarme con alguien.
Los vi venir. Era una pareja que, sin duda, también había salido a caminar y recuperar algo de su libertad. A medida que nos acercábamos sentí la emoción y el cosquilleo de un reencuentro furtivo. Al cruzarnos nos miramos sonriendo y tan sólo nos dijimos buenos días. Desconozco qué pensaron pero yo esta vez tampoco reprimí esas lágrimas felicidad. Son bonitas.
Ambos esfuerzos colectivos merecieron mucho la pena. Dejando al margen la gravedad, ojalá que este segundo hubiese estado dirigido con la misma profesionalidad, compromiso, constancia, empatía, claridad de ideas, seriedad, competencia y espíritu colectivo que el de 2008. Me hubiese emocionado igual pero ahora tal vez tuviese más confianza y menos tristeza por lo que tenemos.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa

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