Una pista de 300 metros alrededor de un campo de fútbol de tierra, un sistema escolar, francés, que otorga al deporte un valor e importancia que, treinta y tantos años después, en España aún se desconoce y, sobre todo, un par de profesores entusiastas hicieron que me acercase al atletismo primero con curiosidad y luego con pasión.
Fui de esos que le fueron pegando a todos los palos, desde el salto de altura al lanzamiento de jabalina, pero dónde me instalé fueron en las carreras. Del cross pasé a la pista. Y aquí fui bajando distancias desde el 1500 a los 400. Y aquí me clavé.
Sufrí esa última recta, la de meta, cómo pocas cosas me han hecho sufrir. Salir de la curva y descubrir un océano sin olas. Querer llegar y no poder. Esa respiración del que crees te va a pasar y luego compruebas que va peor que tú. Esas rodillas que no se levantan. Esas líneas paralelas. Esos pies que parece que no se separan del suelo. Ese culo que se va a caer. Ese corazón que va a estallar. Ese particular ritmo de los clavos en el tartán que se mezcla con un jadeo que crees nunca va a parar. Una voz en la tribuna ¿o era un grito?. Esa sensación de frío en la garganta, la laringe y el esófago. Llegar y tirarse al suelo. Y sonreír. Confié y había vida aún.
Alterné el atletismo con la práctica de competición de otros deportes, siempre en edad escolar y universitaria. Después, por motivos profesionales, he ido conociendo a atletas profesionales en muchos deportes trabajando y viajando con muchos de ellos. He podido conocer sus historias que pudieron empezar cómo la mía pero que luego ellos prosiguieron en la élite. Entrenamientos, competiciones, lesiones, críticas muchas veces infundadas, viajes, soledad, incomprensión, esfuerzo y disciplina, compañerismo, jugártelo todo a una carta, presión, penurias económicas, aprendizaje del campeón y de la derrota, éxitos y fracasos, formación. La vida concentrada en unos años porque pronto se termina.
Hoy uno de ellos empieza a dirigir uno de los deportes más importantes del programa olímpico. Para muchos, la base de todos los deportes. El mundo del atletismo español ha elegido a Raúl Chapado cómo presidente para los próximos cuatro años. Un atleta para el atletismo.
Enhorabuena Raúl y felicidades a los que lo han elegido. El atletismo se merecía algo así.
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