Perdías el control del envío en el mismo momento en el que pegabas el último empujón al sobre que viajaba por tren y barco si era blanco, por avión si tenía un borde azul y rojo. Los había que, incluso, lo besaban mientras lo sostenían con las dos manos antes de volver a verificar la dirección escrita con unos dedos temblorosos.
La Poste et l'amour.

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