martes, 29 de noviembre de 2016

Me siento de aquí y de ahora

Personalmente me la sopla de dónde se sienta o se deje de sentir Trueba. Es más, ni yo mismo, cada mañana al levantarme, me pregunto de dónde soy. 
Soy de dónde estoy, de con quién estoy, de con quién hablo, río y lloro, soy de lo que veo, de lo que me hace sentir, de quién me ayuda, de quién me escucha, de quién se preocupa, de quién me forma, de quién educa a los míos, de quién me cura cuando lo necesito, de dónde veo amanecer, de dónde me mojo con la lluvia, de dónde como, de dónde sopla el viento en mi cara, de dónde hay caminos que recorrer y montañas que subir. Soy de aquí y ahora. Soy de dónde sueño.
De dónde se sienta él, o los que nos insultan por no ir a ver su última película, me la sopla. Bastante.
Hacer una película, cómo cualquier otra cosa, es producir para que alguien consuma. Y en la decisión de consumir, sea comida, ropa, electrónica, ocio o cultura, intervienen muchos factores. Cuando compro un iPhone, no compro un conjunto de componentes debidamente ensamblados que permiten que me comunique por voz y datos y, además, haga fotos que puedo almacenar. Compro un servicio completo, con su post venta, su atención al cliente, su fiabilidad, su diseño, su marca y hasta el mismísimo carisma del fallecido Steve Jobs. Si uno de los elementos falla es muy posible que no consuma.
Si Trueba en su momento consideró que hacer aquellas declaraciones aportaba un valor añadido a su marca y a su producto, allá él. Pero era muy previsible que provocar cómo lo hizo tuviese esta respuesta.
Ni fascistas ( qué recurrente banalización, por cierto, de algo que causó millones de muertos ), ni nacionalistas, ni imbéciles, cómo nos califican algunos simplificando la crítica y despreciando al que piensa diferente. Muchos no vamos porque no nos da la gana consumir algo producido por alguien que, con sus respetables declaraciones y opiniones, nos resultó antipático.
Somos coherentes: no nos gusta, no vamos. Tal vez lo que tuvo que haber hecho él: no te gusta, no aceptes el premio ni vayas a la fiesta.

Charcos y barro

Fue en mayo de 1991 cuando me presenté con dos semanas de retraso en la puerta del Centro de Instrucción de Reclutas, CIR Santa Ana, de Cáceres. Era allí dónde me había tocado hacer la, entonces, llamada "mili".

" - ¿Y tú de dónde vienes y dónde vas?

- Es que no he podido venir antes. 

- Anda, chaval, pasa. Es lo mejor que podías haber hecho"

Pasé, me asignaron el 301, me raparon y me vistieron con un mono verde.




sábado, 26 de noviembre de 2016

Un atleta para el atletismo

Una pista de 300 metros alrededor de un campo de fútbol de tierra, un sistema escolar, francés, que otorga al deporte un valor e importancia que, treinta y tantos años después, en España aún se desconoce y, sobre todo, un par de profesores entusiastas hicieron que me acercase al atletismo primero con curiosidad y luego con pasión. 

Fui de esos que le fueron pegando a todos los palos, desde el salto de altura al lanzamiento de jabalina, pero dónde me instalé fueron en las carreras. Del cross pasé a la pista. Y aquí fui bajando distancias desde el 1500 a los 400. Y aquí me clavé. 

Sufrí esa última recta, la de meta, cómo pocas cosas me han hecho sufrir. Salir de la curva y descubrir un océano sin olas. Querer llegar y no poder. Esa respiración del que crees te va a pasar y luego compruebas que va peor que tú. Esas rodillas que no se levantan. Esas líneas paralelas. Esos pies que parece que no se separan del suelo. Ese culo que se va a caer. Ese corazón que va a estallar. Ese particular ritmo de los clavos en el tartán que se mezcla con un jadeo que crees nunca va a parar. Una voz en la tribuna ¿o era un grito?. Esa sensación de frío en la garganta, la laringe y el esófago. Llegar y tirarse al suelo. Y sonreír. Confié y había vida aún.

Alterné el atletismo con la práctica de competición de otros deportes, siempre en edad escolar y universitaria. Después, por motivos profesionales, he ido conociendo a atletas profesionales en muchos deportes trabajando y viajando con muchos de ellos. He podido conocer sus historias que pudieron empezar cómo la mía pero que luego ellos prosiguieron en la élite. Entrenamientos, competiciones, lesiones, críticas muchas veces infundadas, viajes, soledad, incomprensión, esfuerzo y disciplina, compañerismo, jugártelo todo a una carta, presión, penurias económicas, aprendizaje del campeón y de la derrota, éxitos y fracasos, formación. La vida concentrada en unos años porque pronto se termina. 

Hoy uno de ellos empieza a dirigir uno de los deportes más importantes del programa olímpico. Para muchos, la base de todos los deportes. El mundo del atletismo español ha elegido a Raúl Chapado cómo presidente para los próximos cuatro años. Un atleta para el atletismo.

Enhorabuena Raúl y felicidades a los que lo han elegido. El atletismo se merecía algo así.

lunes, 7 de noviembre de 2016

La Poste

Perdías el control del envío en el mismo momento en el que pegabas el último empujón al sobre que viajaba por tren y barco si era blanco, por avión si tenía un borde azul y rojo. Los había que, incluso, lo besaban mientras lo sostenían con las dos manos antes de volver a verificar la dirección escrita con unos dedos temblorosos. 

La Poste et l'amour.



viernes, 4 de noviembre de 2016

100 metros

La que has liado, Ramon Arroyo Prieto . Hace unos meses me propusiste un reto y no me va a quedar más remedio que cumplirlo.

Pero ahora, echando la vista mucho más atrás, veo que las matinales analizando científicamente cuándo se desencadena el inicio del viraje fundamental, perfeccionado o no, han tenido su fruto. Recuerda que la principal conclusión fue que todo empezaba en la punta del dedo gordo del pie del monte. Le seguía la hiperflexión.

Estoy seguro de que eres capaz de explicar a un auditorio repleto el enorme avance que supuso la introducción de los festones ( no confundir con fiestones, que ese sería otro capítulo) en las pistas de Val d'Isère, ValThorens o Avoriaz. Explicación, demostración en parado, dibujo en la nieve con el bastón, demostración en movimiento y todos bajando uno a uno.

Allá dónde esté, nuestro más que amigo Íñigo estará sonriendo mientras se  prepara un enorme bocata de fromage aux fines herbes en el parking del Carrefour de Bourg de Péage muy a la vera de dos, o tres, autobuses Juliá.

En Velázquez 94, al fondo del pasillo, pero en el mismísimo fondo, negociamos nuestros fines de semana, los guía de bus, los viajes de la Inmaculada, Navidades, Año Nuevo, Semana Santa e incluso algún Puente de Mayo. Arantxa, Benoît y aquella secretaria que luego llevó la antorcha de Barcelona 92 por, dice la leyenda, ser alta. Y, al principio del pasillo, nada más entrar, Rosa y Juan Carlos.  Y en medio administración, dónde nos pagaban. Y bien, muy bien, por cierto.

Vuestro apellido y el nuestro forman parte de las escasas sagas familiares de aquella tribu de tipos vestidos normalmente de rojo, con alguna chaqueta azul de vez en cuando. Apellidos a mezclar con Maeva, Pierre & Vacances, les Cars Philibert et incluso una tal Madame Loi. Apartamentos, sábanas y fianzas. Alquileres y clases. Y cena los jueves en aquel garito de Avoriaz dónde la música era en directo.

Esteras de Medinaceli, área de El Cisne en Zaragoza, área de Pina y Porta Catalana. Paradas a deshoras, charlas interminables.

Y La Plagne aquella Semana Santa en la que se decidió hacer bocadillos para 150 cada mañana en mi apartamento.

Y Pal'92 cuándo Txavi, Julián, Elena, Mónica Y yo os recibíamos todas y cada una de las semanas de aquel invierno irrepetible para muchos. El Renault 5, el Hotel Marco Polo y Marc, el maître. No sé si estabas alguna de las semanas en las que se pronunciaron dos frases que se incorporaron al libro de esa época: " Igualito que en Prudential" y "Pues si Patri no cabe, el avión lo pagamos a escote"

La que has liado, Ramón.

Fuimos muchos, más de 100, cómo esos #100Metros que ahora veo por todos los lados, los que en público, en privado o en silencio, nos sentimos orgullosos de ti, de ser tus compañeros de entonces, tus amigos de ahora y de haber compartido contigo aquellos años de juventud que son los que marcan el futuro.

He leído tu libro, lo he comentado contigo y voy a ver la peli. Y, estoy seguro, seguiré viéndote cargado de esquís, de listados, de ese cartel de Bus ¿6? y de latas de Coca Cola para vender de 16:30 a 17.

Y bajo un bigote poblado, una voz, a menudo afónica, ordenando que a las cinco todos en marcha.

#RendirseNoEsUnaOpción

http://www.elmundo.es/salud/2016/11/04/581b2c37e5fdea29288b456e.html

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El gusto por subir

El despacho de Joaquín estaba en la planta de arriba. Subí la escalera una primera vez y, antes de llamar a la puerta, me di la vuelta. 

Lo volví a intentar una segunda vez y tampoco pude. No me salían las palabras. 

Y fui una tercera. 

- "Joaquín, ¿tienes un segundo?

- Sí, claro. Dime. 

- Sólo llevo unas semanas aquí pero quería pedir un cambio de destino. No creo que esto sea lo mío. 

- Lo intentaré pero ya puedes imaginarte lo que van a decir en la central"

Así empezó y terminó mi experiencia bancaria mientras le cogí el gusto a lo de subir.