viernes, 27 de marzo de 2020

Una hamburguesa en la Colladeta

Una hamburguesa en La Colladeta de Cerler, tras una mañana recorriendo al sol la, para mi, estación más cercana a la montaña de todo el Pirineo es algo que nadie debería perderse y que no debería salir en las listas de “las mejores ....” o "Diez must para este invierno”. Esto mejor para otros. ⁣

Comerse esa hamburguesa con Guillermo queda reservado a los que pueden permitirse una delicatesen. ⁣

Me lo presentó un amigo común en una edición de Fitur cuando aún no existía el AVE a Zaragoza y, tras el acto de Ifema, había que coger un tren a media tarde en Chamartín hasta el Portillo. Hace ya años de aquello. Pronto nos convertimos en pareja de padel manteniendo cierto nivel pero sobre todo estabilidad gracias a mi templanza y, porque no, paciencia. Era otro lujo acabar entre semana, a la noche, con otra hamburguesa del Mostaza entre las manos. ⁣

Un día abandonó el padel, deporte social, y se inició en proyectos más duros. Maratones y triatlones. Esfuerzos titánicos. Y no se le da mal, nada mal, a pesar de los entrenamientos condicionados por su trabajo y, ahora, por Jaimico e Inés. Llegamos a compartir uno de los primeros maratones pero eso exige otro artículo del que avanzo el final: yo no pude cruzar la meta. ⁣

Sin embargo, no son las hamburguesas, ni los maratones, ni aquel padel lo que hacen de él una persona excepcional, ni un amigo del alma. Guillermo posee y demuestra tener una generosidad sin límite que supera cualquier amistad y que la convierte en el bien más preciado del que se preocupa de los que le rodean. He tenido el privilegio de comprobarlo en primera persona. En lo grande y en lo pequeño. Y siempre se lo agradeceré. ⁣

De la misma manera que su clásico “¿Qué pasa, rey?” cuando descuelgo su llamada.⁣

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.⁣⁣



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