Pensábamos en John Wayne y acabé más cerca de ser Paco Martínez Soria.
No estábamos acostumbrados a montar pero organizamos una excursión que incluía barbacoa en mitad del monte. Seríamos seis u ocho trotando y galopando caballos infinitamente más listos y resabiados que nosotros, que éramos jóvenes. En ese tiempo, por suerte no existían aún las reglamentaciones tan estrictas que ahora prohíben disfrutar de tantas cosas.
La vuelta a las cuadras fue muy rápida y no había quién se hiciese con el control de los caballos que actuaban en modo vuelta a casa. Imponían un trote continuo que nadie era capaz de frenar.
Esa noche recuerdo que acudíamos a un concierto en una sala del centro. Desde muy joven disfruté de una Vespa roja que hoy, treinta y cinco años después, sigue respondiendo a su pata de arranque en mi garaje. Lo que iba a ser un simple desplazamiento, aún sin casco obligatorio, se convirtió en un problema que sólo tenía una solución.
Al intentar sentarme en la posición natural de la Vespa ( de frente, rodillas adelante ) tuve que desistir inmediatamente por el enorme dolor que me producía la herida sangrante que se me había formado en toda la zona del culo. Pero una herida no me iba a dejar en casa.
Al puro estilo mujer italiana, con falda de flores, años 50, que viajaba de paquete en la Vespa de Pietro, giré mi cuerpo, dejé caer los pies hacia el lado derecho y, con una elegante rotación de cintura al frente encaré calles y semáforos acordándome de mi galope de principiante.
Llegué, la herida seguía sangrando suavemente y mejor voy a terminar aquí el relato.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario