Voy a salir a correr y sentirme libre.
Aunque en estos ya casi cincuenta días lo más emocionante que he hecho ha sido ir a Mercadona, a la panadería, dos veces a la farmacia y a subir la compra a mis suegros, ahora, al ponerme las zapatillas, una camiseta, un par de calcetines, una gorra y el cinturón para el móvil, empiezo a saborear lo que es la libertad.
En las películas americanas se tira mucho de eso que llaman "la condicional" o "la vigilada", en las que asignan una especie de acompañante permanente. A nosotros nos pretenden acompañar también pero no para reinsertarnos sino para tratar de domesticarnos.
Voy a correr. Y a sentir cómo me abofetea el viento en la cara. Ojalá que, incluso, lloviese y volviese chipiao. Qué no quedase nada seco.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa
sábado, 2 de mayo de 2020
jueves, 30 de abril de 2020
Barry
Sólo se cumplen 80 años una vez en la vida.
Alguno podrá decir que también 11, y 19, y 32, y 43, y 57, y 71.
Pero que un padre cumpla 80, y en plena forma, sigue siendo una sola vez en la vida. Y, esta vez, celebrándolo de otra manera, muy distinta y alejada de la prevista, con un invitado indiscreto, inesperado y no deseado, pero celebrándolo. Jamás hubiésemos imaginado al bichito este. Si supieses la manía que le tengo.
Por los motivos que fueren, en nuestra casa casi todos tenemos un mote. No creo que ninguno de ellos responda a nada concreto y sobre todos ellos hay leyendas que pretenden justificarlos. A él, desde siempre le tocó ser Barry y lo pasea con orgullo. ¿De dónde salió? Qui le sait...
Tras tantos años juntos, todos los míos más exactamente, podría escribir líneas interminables llenas de anécdotas inolvidables. Pero también se puede ser breve y, simplemente, dar las gracias por darme todo lo que me ha permitido llegar hasta aquí. Yo estoy orgulloso y creo que tú también.
Hoy tendremos que celebrarlo Zoom mediante y aplazamos lo que, con tanta ilusión, tenías previsto. Esperemos que pronto nos quiten los cerrojos y podamos poner rumbo a Zokoa que hace meses que no vas. Estuve la víspera del encierro rescatando a Blanca, que volvía de París, y hay pequeños cambios, todos a mejor pero Vival sigue cerrado.
Hace unos años, cuando recorrí a pie los casi mil kilómetros de la costa norte desde Saint Jean de Luz, partiendo del petit coin, recuerdo haber escrito lo que te pongo a continuación. Traté de mirarlo todo con tus ojos de aquella época.
Tal vez fue aquel bote en la ría de Zumaia el origen de muchas otras cosas.
Felicidades, Barry. Joyeux anniversaire. Zorionak.
Son los veranos de tres meses que recordé entre Zarautz y Zumaia, Getaria incluida, la mañana dónde ya desaparecieron los insoportables cuarenta grados con los que caminamos la víspera entre San Sebastián y Zarautz. La playa de Zarautz puede ser enorme o no dependiendo de la marea. Pero su malecón, vigilado desde lo lejos por el ratón de Getaria, aún recuerda a las tardes de paseo y de chocolate con churros. La visita a la abuela. Y a Rosario. Y a los veranos de juventud de mi padre que sólo conozco de oídas: la calle Mayor 11, el quiosco de la música, la medusa gigante que enganchó nadando a espalda y que debió ser el acontecimiento de ese verano, las chocolatadas en el monte y el puro. ¡Ay el puro!
Salí a oscuras de Zarautz cuando ya había pescadores aficionados en el recorrido costero que lleva a Getaria. Compartían escenario con algunos corredores, ahora runners, y matrimonios silenciosos que caminan casi al trote. Por motivos obvios, no pude dejar de acordarme de los Martínez de Albornoz al pasar por el puerto. Llegué a Getaria amaneciendo pero con una panadería ya abierta y con los camiones de reparto recorriendo sus callejuelas. En el cruce principal, un grupo de españolas dudaban a esas horas entre abandonar o seguir debido a unas ampollas en los pies de una de ellas. Cruce de sonrisas y qué tengáis un buen día.
Alguno podrá decir que también 11, y 19, y 32, y 43, y 57, y 71.
Pero que un padre cumpla 80, y en plena forma, sigue siendo una sola vez en la vida. Y, esta vez, celebrándolo de otra manera, muy distinta y alejada de la prevista, con un invitado indiscreto, inesperado y no deseado, pero celebrándolo. Jamás hubiésemos imaginado al bichito este. Si supieses la manía que le tengo.
Por los motivos que fueren, en nuestra casa casi todos tenemos un mote. No creo que ninguno de ellos responda a nada concreto y sobre todos ellos hay leyendas que pretenden justificarlos. A él, desde siempre le tocó ser Barry y lo pasea con orgullo. ¿De dónde salió? Qui le sait...
Tras tantos años juntos, todos los míos más exactamente, podría escribir líneas interminables llenas de anécdotas inolvidables. Pero también se puede ser breve y, simplemente, dar las gracias por darme todo lo que me ha permitido llegar hasta aquí. Yo estoy orgulloso y creo que tú también.
Hoy tendremos que celebrarlo Zoom mediante y aplazamos lo que, con tanta ilusión, tenías previsto. Esperemos que pronto nos quiten los cerrojos y podamos poner rumbo a Zokoa que hace meses que no vas. Estuve la víspera del encierro rescatando a Blanca, que volvía de París, y hay pequeños cambios, todos a mejor pero Vival sigue cerrado.
Hace unos años, cuando recorrí a pie los casi mil kilómetros de la costa norte desde Saint Jean de Luz, partiendo del petit coin, recuerdo haber escrito lo que te pongo a continuación. Traté de mirarlo todo con tus ojos de aquella época.
Tal vez fue aquel bote en la ría de Zumaia el origen de muchas otras cosas.
Felicidades, Barry. Joyeux anniversaire. Zorionak.
Volver es bueno. Volver andando es mejor ( publicado el 29/08/2016 )
Mi padre y yo fuimos a por él a San Sebastián. El bote de remos se quedaba cada noche amarrado en una boya en mitad de la ría. Cada verano, a finales de junio, elegíamos una piedra grande, metros de cabo y la boya y, solemnemente, con la pleamar, reservábamos un lugar en la ría que solía ser enfrente de casa. No había que pedir permiso. Para ir y venir hasta él o bien utilizábamos un piraucho hinchable que botábamos cada mañana en las escaleras que dan acceso a la ría o bien llegábamos hasta él nadando. Aún recuerdo el espeso verdín que cubría los escalones de la ría y que sólo era visible en marea baja. Seguro que en el país de las prohibiciones en el que vivimos,, a mis padres les caían hoy en día un mínimo de seis años y un día por maltrato infantil, abandono de la prole, explotación de menores y economía sumergida. Y yo lo que simplemente hacía, con diez años escasos, era cruzar remando la ría haciendo llegar en mi bote, hasta la playa de Santiago, a veraneantes amigos que "tomaba prestados" a los Manterola, pasantes oficiales de la ría de Zumaia. Así gané mis primeras perras.
Son los veranos de tres meses que recordé entre Zarautz y Zumaia, Getaria incluida, la mañana dónde ya desaparecieron los insoportables cuarenta grados con los que caminamos la víspera entre San Sebastián y Zarautz. La playa de Zarautz puede ser enorme o no dependiendo de la marea. Pero su malecón, vigilado desde lo lejos por el ratón de Getaria, aún recuerda a las tardes de paseo y de chocolate con churros. La visita a la abuela. Y a Rosario. Y a los veranos de juventud de mi padre que sólo conozco de oídas: la calle Mayor 11, el quiosco de la música, la medusa gigante que enganchó nadando a espalda y que debió ser el acontecimiento de ese verano, las chocolatadas en el monte y el puro. ¡Ay el puro!
Salí a oscuras de Zarautz cuando ya había pescadores aficionados en el recorrido costero que lleva a Getaria. Compartían escenario con algunos corredores, ahora runners, y matrimonios silenciosos que caminan casi al trote. Por motivos obvios, no pude dejar de acordarme de los Martínez de Albornoz al pasar por el puerto. Llegué a Getaria amaneciendo pero con una panadería ya abierta y con los camiones de reparto recorriendo sus callejuelas. En el cruce principal, un grupo de españolas dudaban a esas horas entre abandonar o seguir debido a unas ampollas en los pies de una de ellas. Cruce de sonrisas y qué tengáis un buen día.
Subiendo y bajando un terreno ondulado llegué a Zumaia, cayendo ladera abajo directamente hacia la playa de Santiago y a la casa museo de Zuloaga. En ese momento, recordé cómo volvíamos todos los hermanos a mediodía nadando por la ría aprovechando el flujo de la marea. La playa estaba vacía aún pero pudo escuchar las voces que venían de nuestra zona, pegados a la escollera. Porque esos meses de verano daban derecho a tener un sitio reservado en la playa.
Seguí acercándome al pueblo bordeando lo que ahora es un flamante puerto deportivo y dónde permanece el astillero Balenciaga. La marea estaba baja y pude ver de nuevo el fango dónde buscábamos el cebo, lombrices, que utilizábamos para pescar. Y todas las rocas que recorríamos con nuestros quisquilleros y reteles en busca de cangrejos y quisquillas. Sin olvidar nunca a las obeki. Mira que eran feas pero qué buen papel hacían.
Los días en verano eran más largos que ahora. Sí, también antes nevaba más, hacía más frío y en invierno llovía. Y también, insisto, los días y los veranos eran más largos. Había playa de mañana, Santiago, y playa de tarde, Itzurun. Y después más. Alguna de esas tardes de julio remontábamos solos la ría, a remo, cuatro aprendices de grumete, hasta Bedua, entonces caserío para tortilla y pimientos, y hoy restaurante de renombre. Allí nos esperaba mi madre. Qué levante el dedo quién hoy en día dejaría a cuatro de sus hijos embarcarse en solitario, con un capitán de menos de doce años, remar hasta Bedua por mucha tortilla y pimientos que sigan dando. Salvo que te toque en suerte el juez Calatayud, alguna Asociación de Defensa del Menor y la Fiscalía de Menores reclamarían cárcel y aislamiento por lo menos.
Crucé el puente que da acceso al casco viejo y, sin quererlo ni pensarlo, empecé a canturrear frases sueltas, inconexas, pero con el sentido que tienen los recuerdos de infancia: "E una bolsa de kikos e una pasta".
Subiendo hacia Arritokieta busqué una frutería. Era una excusa perfecta para hablar un rato con alguien y escuchar nuevamente la musicalidad de su acento vasco. Mientras pedía algún melocotón, algún plátano, un par de tomates y media barra de pan, volví a tener 12 años y volví a ver a la casera que llegaba de buena mañana con sus lecheras, con la leche sin pasteurizar y con cuya nata desayunábamos unas tostadas que nunca jamás volveremos ni a imaginar.
Itzurun, las tardes noches de frontón, las olas en el morro, el estanco de Ismael, el cementerio, la motora. La casa primera, la segunda, la tercera. La casa de los Azkue, la de los Garbayo, la de los del Guayo, la de los Gutierrez y la de los Otaño. La Telmo Deun. El txampero y la aspirina. Los trajes de baño verdes, seis iguales.
Olvidaremos cosas de de juventud pero nunca las de la infancia. Eso lo explica todo. O casi todo.
domingo, 26 de abril de 2020
Bajar para llegar
La desescalada, palabra que nos acompañará durante una temporada hasta que alguien imponga la siguiente, tiene varias fases. Al principio se toma con fuerza e ilusión: hemos hecho cima y, normalmente, no hay que volver a esforzarse en subir. Erróneamente puede creerse que ya se hizo todo el esfuerzo olvidando que la bajada puede ser larga, tediosa, aburrida y, si uno se relaja, hasta peligrosa. Muchos de los rescates son en los descensos y a destiempo.
Sin embargo, solemos saber dónde vamos porque alguien sigue llevando el mando, fijando pautas y marcando ritmos. Confianza y experiencia. Sabemos que al final del camino beberemos una cerveza compartida, miraremos de nuevo hacia arriba y estaremos orgullosos del esfuerzo y de todo lo descubierto.
También nos detendremos de vez en cuando; a veces incluso almorzaremos o nos bañaremos en una poza aunque eso signifique descalzarnos. Nos cruzaremos con algunos que habrán decidido subir a deshoras levantando nuestras dudas por incumplir lo recomendado.
"-¿Dónde irán a estas horas y así equipados?"
El calor, ya de por si incomodo compañero, podrá convertirse en muy incómodo. Incomodísimo. Volveremos a pasar por los mismos lugares pero los miraremos diferente. Es igual pero no es lo mismo.
"-¿Por aquí hemos pasado? ¿Todo esto hemos subido?"
En muchas ocasiones, como en la propia vida, no somos conscientes del camino recorrido ni del esfuerzo invertido.
A ratos charlaremos. Asuntos que van y vienen. Preguntas para provocar sonrisas. Sugerencias para el futuro. Complicidades evidentes que sólo requieren de una mirada o declaraciones que sólo se hacen tumbados.
"-¿Qué tal vas?"
Primero no pensaremos en el final, luego lo intuiremos, nos parecerá verlo entre los árboles y, finalmente, aparecerá ante nuestros ojos aún a mucha distancia aunque ya escuchemos el juego infinito del agua en el río. Lo cruzaremos.
Hay bajadas que se hacen largas y penosas. Sabemos dónde vamos y eso nos impide disfrutar. Tan sólo devoramos kilómetros en mucho silencio. Avanzar para llegar. Algunos acelerarán por inercia, los perderemos de vista hasta que decidan detenerse para reagruparse. Seguiremos bajando. Seguiremos pensando. Miraremos mucho menos que al ascender.
En la llegada todo se acabará y nos quitaremos el peso, a veces con mucho brío pero tratando de mantener un orden. Habremos terminado. Estaremos donde al principio pero más felices, orgullosos de nosotros y de los que lo habrán compartido.
Sentados y descalzos, disfrutaremos. No hay un atardecer igual.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa.
Sin embargo, solemos saber dónde vamos porque alguien sigue llevando el mando, fijando pautas y marcando ritmos. Confianza y experiencia. Sabemos que al final del camino beberemos una cerveza compartida, miraremos de nuevo hacia arriba y estaremos orgullosos del esfuerzo y de todo lo descubierto.
También nos detendremos de vez en cuando; a veces incluso almorzaremos o nos bañaremos en una poza aunque eso signifique descalzarnos. Nos cruzaremos con algunos que habrán decidido subir a deshoras levantando nuestras dudas por incumplir lo recomendado.
"-¿Dónde irán a estas horas y así equipados?"
El calor, ya de por si incomodo compañero, podrá convertirse en muy incómodo. Incomodísimo. Volveremos a pasar por los mismos lugares pero los miraremos diferente. Es igual pero no es lo mismo.
"-¿Por aquí hemos pasado? ¿Todo esto hemos subido?"
En muchas ocasiones, como en la propia vida, no somos conscientes del camino recorrido ni del esfuerzo invertido.
A ratos charlaremos. Asuntos que van y vienen. Preguntas para provocar sonrisas. Sugerencias para el futuro. Complicidades evidentes que sólo requieren de una mirada o declaraciones que sólo se hacen tumbados.
"-¿Qué tal vas?"
Primero no pensaremos en el final, luego lo intuiremos, nos parecerá verlo entre los árboles y, finalmente, aparecerá ante nuestros ojos aún a mucha distancia aunque ya escuchemos el juego infinito del agua en el río. Lo cruzaremos.
Hay bajadas que se hacen largas y penosas. Sabemos dónde vamos y eso nos impide disfrutar. Tan sólo devoramos kilómetros en mucho silencio. Avanzar para llegar. Algunos acelerarán por inercia, los perderemos de vista hasta que decidan detenerse para reagruparse. Seguiremos bajando. Seguiremos pensando. Miraremos mucho menos que al ascender.
En la llegada todo se acabará y nos quitaremos el peso, a veces con mucho brío pero tratando de mantener un orden. Habremos terminado. Estaremos donde al principio pero más felices, orgullosos de nosotros y de los que lo habrán compartido.
Sentados y descalzos, disfrutaremos. No hay un atardecer igual.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa.
miércoles, 22 de abril de 2020
Subiendo
Teníamos por delante una continua subida que solo nos permitía hacernos una idea de lo que nos faltaba hasta poder cambiar de trayectoria. Aún no veíamos la cima. En esos momentos cada cual tira de recursos internos, se los aplica y, chino chino, vamos tirando. ¿En qué iremos pensando?
No creo habérselo preguntado nunca a nadie porque son, probablemente, de los momentos de mayor introspección en los que uno pueda encontrarse. Vamos solos y cargados de nuestra propia vida. De frases, de vivencias, de imágenes, de recuerdos, de deseos y también de algún problema.
Mientras, entre la belleza y el silencio, se busca una referencia y se trasforma en reto. Se alcanza y surge otra. Y así, una detrás de otra, vamos llegando.
Entonces, alcanzada la cima, surge el somos y todo se comparte para después quedarse.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa
No creo habérselo preguntado nunca a nadie porque son, probablemente, de los momentos de mayor introspección en los que uno pueda encontrarse. Vamos solos y cargados de nuestra propia vida. De frases, de vivencias, de imágenes, de recuerdos, de deseos y también de algún problema.
Mientras, entre la belleza y el silencio, se busca una referencia y se trasforma en reto. Se alcanza y surge otra. Y así, una detrás de otra, vamos llegando.
Entonces, alcanzada la cima, surge el somos y todo se comparte para después quedarse.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa
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martes, 21 de abril de 2020
Celebraciones
¿Por qué hay que celebrar especialmente los múltiplos de cinco?
¿Por qué cinco, diez, veinte, veinticinco, cincuenta?
Aunque nos acabó lloviendo y eso, en el fondo, gusta, no creo que hubiese mejor manera de celebrar el vigésimo sexto aniversario de nuestra licenciatura que bajando de Ordesa y bailando sobre un tronco.
En realidad, lo de aniversario era una excusa porque ya habíamos celebrado, también en el monte, el vigésimo quinto. Volvimos a juntarnos porque es lo que desde hace mucho tiempo llevábamos repitiendo aunque cada vez con menor frecuencia.
Organizar para otros es de lo que mayores satisfacciones personales genera. Quizás por eso, de forma natural, me he dedicado a ello de forma personal y profesional desde muy joven.
"- Hay que repetir esto, Koldo.Ve buscando sitio"
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa
¿Por qué cinco, diez, veinte, veinticinco, cincuenta?
Aunque nos acabó lloviendo y eso, en el fondo, gusta, no creo que hubiese mejor manera de celebrar el vigésimo sexto aniversario de nuestra licenciatura que bajando de Ordesa y bailando sobre un tronco.
En realidad, lo de aniversario era una excusa porque ya habíamos celebrado, también en el monte, el vigésimo quinto. Volvimos a juntarnos porque es lo que desde hace mucho tiempo llevábamos repitiendo aunque cada vez con menor frecuencia.
Organizar para otros es de lo que mayores satisfacciones personales genera. Quizás por eso, de forma natural, me he dedicado a ello de forma personal y profesional desde muy joven.
"- Hay que repetir esto, Koldo.Ve buscando sitio"
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa
domingo, 19 de abril de 2020
Bébela con sed
Incorporándome a una de las fases del ciclo del agua.
Nunca me había parado a pensar en ello. Fue uno de mis jefes - he tenido varios, algunos muy buenos jefes y mejores personas - quién me hizo comprender que siempre hay la misma aunque mal distribuida.
Dicen que es incolora, que no tiene olor ni sabor. Pero deben referirse a la del grifo o a la embotellada. Mira cómo cae, respira a su lado, bébela con sed.
Años filtrándose para volver a aparecer y resurgir con brío donde le haya llevado la roca.
Nos mojamos la cara y la escuchamos pasar un buen rato. Descubrimos que también sonaba con ritmo mientras incorporamos nuestra propia letra de la canción. Supimos encajar.
Seguramente sonreía y nos animaba a seguir.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa
Nunca me había parado a pensar en ello. Fue uno de mis jefes - he tenido varios, algunos muy buenos jefes y mejores personas - quién me hizo comprender que siempre hay la misma aunque mal distribuida.
Dicen que es incolora, que no tiene olor ni sabor. Pero deben referirse a la del grifo o a la embotellada. Mira cómo cae, respira a su lado, bébela con sed.
Años filtrándose para volver a aparecer y resurgir con brío donde le haya llevado la roca.
Nos mojamos la cara y la escuchamos pasar un buen rato. Descubrimos que también sonaba con ritmo mientras incorporamos nuestra propia letra de la canción. Supimos encajar.
Seguramente sonreía y nos animaba a seguir.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa
jueves, 16 de abril de 2020
Iñaki Ochoa de Olza
En esta serie de pequeños relatos diarios en época de pandemia, el hilo conductor es la felicidad. La idea me vino, entre otras cosas, tras un mensaje de mi padre cuando le mandé una foto de la que, con el tiempo, ha sido mi última salida al monte.
"Es la imagen de la felicidad", me contestó.
Era una foto espontánea, nada posada, en el entorno y con la gente adecuados.
Qué bueno es reconocer la felicidad en los demás. No confundirla con el interés, el afán de poseer, la lucha por el poder o la riqueza, la notoriedad, el protagonismo desmedido.
Iñaki Ochoa de Olza fue un montañero, alpinista e himalayista navarro que falleció cuando intentaba ascender el Annapurna. Fue protagonista de uno de los rescates (fallido) más heroicos que se recuerdan.
Pasado un tiempo de su muerte, su madre, Pilar Seguín, declaró:
"Los padres lo que queremos es que nuestros hijos sean felices, no abogados".
Toda una declaración.
Ese día no pudimos llegar a la cima. Muchas veces hay que saber decir no para regresar a gusto. Almorzamos en la orilla del ibon. Solos. Dormimos un rato con la tranquilidad que dan los lugares donde no puede llegar todo aquello de lo que nos apartamos.
Al despertar comprobamos que todo seguía igual. No había sido un sueño. Seguíamos bajo el mismo cielo.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa
"Es la imagen de la felicidad", me contestó.
Era una foto espontánea, nada posada, en el entorno y con la gente adecuados.
Qué bueno es reconocer la felicidad en los demás. No confundirla con el interés, el afán de poseer, la lucha por el poder o la riqueza, la notoriedad, el protagonismo desmedido.
Iñaki Ochoa de Olza fue un montañero, alpinista e himalayista navarro que falleció cuando intentaba ascender el Annapurna. Fue protagonista de uno de los rescates (fallido) más heroicos que se recuerdan.
Pasado un tiempo de su muerte, su madre, Pilar Seguín, declaró:
"Los padres lo que queremos es que nuestros hijos sean felices, no abogados".
Toda una declaración.
Ese día no pudimos llegar a la cima. Muchas veces hay que saber decir no para regresar a gusto. Almorzamos en la orilla del ibon. Solos. Dormimos un rato con la tranquilidad que dan los lugares donde no puede llegar todo aquello de lo que nos apartamos.
Al despertar comprobamos que todo seguía igual. No había sido un sueño. Seguíamos bajo el mismo cielo.
Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.
#SacaLaFelicidadAPasear #YoMeQuedoEnCasa #QuédateEnCasa
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