Si percibía que iba bien, se situaba delante para marcar un ritmo constante. Si flojeaba, se ponía detrás para que fuese ella la que eligiese el paso adecuado. En ambos casos, se hablaban sin poder verse las caras. No hacía falta porque no estaban en terreno hostil ni incómodo.
”¿Vas bien?”
”Sí, sí. Pero tira tú si quieres que yo voy a mi ritmo”
Ni caso y continuaban juntos.
El silencio formaba parte de la constante conversación. Largos silencios que también tienen sujeto, verbo y predicado e, incluso, construcciones más complejas. A él le gustaba romperlo sin avisar.
”¿Tú sabes que te quiero mucho, no?”
A veces se detenía, se giraba y la miraba para anunciarlo jugando a cierta solemnidad. Otras lo hacia sin dejar de caminar como el que pregunta si aún queda agua en la mochila. Esto a ella le llenaba el alma.
Y pasaban a otro tema o a otro silencio.
#SacaLaFelicidadAPasear
No hay comentarios:
Publicar un comentario