viernes, 25 de marzo de 2022

¿Cómo te llamo?

Fue ella quien me eligió a mi. En cualquier caso, fue fácil pues no había otra persona más a esa hora de la mañana en esa aldea de Somiedo. 

No llevaba ni diez minutos caminando. No la vi llegar a mis espaldas. Tan sólo escuché un ladrido que más tarde entendí que era su saludo de bienvenida. Me rebasó apenas sin mirar, se colocó delante de mi y no tuve ninguna duda de que íbamos a compartir el día, durase lo que durase, fuésemos donde fuésemos. 

No supe cómo llamarla puesto que Canela fue otra inesperada compañera en otro lugar. Mantuvimos siempre un cierto respeto sin que ninguno invadiese el espacio del otro. Nos miramos a los ojos que ella tenía algo ensangrentados. Sería la edad. Era perra y sé que me confesó que nunca quiso ser mascota. Era perra y era libre, por eso pudo venirse conmigo. Era perra y le gustaba seguir siéndolo. 

Siempre tuvo claro el camino que íbamos a seguir y apenas se separó de mi. Me respetó hasta los errores, eso sí, indicándome cómo salir de ellos. En una de las cumbres coincidimos con dos montañeras con las que compartimos un rato y alguna anécdota. Seguíamos la misma ruta e íbamos a la misma cima. Pero no las siguió a ellas. Ella me había elegido a mi y ella siguió conmigo. Y así hicimos todas las cumbres del día. 

A nuestro regreso, a unos doscientos metros de la aldea, echó a correr sin avisar y la perdí de vista. 

”Ha vuelto a casa. Misión cumplida. Siempre la recordaré”

Supuse que habría regresado con los suyos que, seguro, no la echaron de menos en toda la jornada. 

Pero no: me esperó en la primera casa, me vio llegar y arrancó a correr hacia mi como el que espera a un familiar que regresa de un largo viaje. 

Sonreí y la pude acariciar por primera vez. 

Nunca pidió nada. 

#SacaLaFelicidadAPasear⁣⁣⁣







No hay comentarios:

Publicar un comentario