viernes, 21 de agosto de 2020

Despertar

Aún no asomaba el sol y la temperatura se resistía a subir. El cielo estaba limpio, azul de mañana. Sabía que el día sería caluroso pero esas últimas horas de la noche habían sido muy frías y mantener el sueño no había sido fácil. Apurar no servía de nada y lo mejor era activarse. Caminar muy temprano es muy agradecido y permite evitar el calor de las cuatro de la tarde.⁣⁣

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Él llevaba años repitiendo las mismas rutinas al amanecer. No tenían nada que ver con ordenar su habitación, ni preparar un desayuno complicado, ni ponerse a hacer abdominales. Se despertaba y, ante su ausencia, hablaba sin esperar una respuesta que nunca llegaba, preguntándole si aún recordaba aquella noche, víspera de cumplir un sueño. ⁣⁣


Le costaba interpretar el silencio y la distancia que estaba convencido eran muy frágiles y que se romperían con una simple mirada aunque fuese casual o furtiva.

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Solía abrazar la esperanza y se respondía a si mismo que sí, que cómo iba a haberlo olvidado, que lo dibujaba cada madrugada en ese intervalo que existe entre que se apaga la lámpara de la mesilla y se engancha el sueño cuando uno aún elige lo que recuerda. 


Cuando asomó el primer rayo de sol estimó cuánto tiempo le costaría ⁣⁣vencer a la sombra de aquel pico del que no sabía su nombre. Quería saber cuánto tiempo quedaba para que empezase a calentar el día. 

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 #SacaLaFelicidadAPasear⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣⁣






viernes, 14 de agosto de 2020

Prendió el fuego y se marchó el olor

La noche había sido larga, fría y muy ventosa. Por momentos, antes del amanecer, pensó que no podrían seguir hasta que amainase. Al abrir la puerta del viejo refugio se cumplió lo que suele ser habitual: las noches confunden y tienden a aumentar la importancia de las dificultades. Salvo una niebla lejana, todo aparecía despejado. ⁣

Se habían acostado pronto, cuando aún no había anochecido. No tardaron en coger el primer sueño de la larga serie en la que se dividen las noches incómodas. A la media hora se abrió la puerta y se asomó el primero de los tres que lo harían en un intervalo de hora y media. Al comprobar que estaba todo ocupado, y ante la disyuntiva de echar el saco al duro cemento o al suelo pastoso, los tres optaron por lo último y acamparon junto al río sin pensar en el frío y la humedad de la madrugada. ⁣

A medianoche y sin avisar un fogonazo, mucha luz y un ruido sordo, los despertó. Cómo en una mala película, pero esta vez en serio, la chimenea, atizada por un intenso vendaval, prendió súbitamente despertándolos del cuarto sueño y ahumando el pequeño habitáculo que habían ordenado al llegar a media tarde. Sin opción para apagarlo, estuvieron mirando el fuego consumirse preguntándose cómo había sido posible que se encendiese él solo y agradeciendo haberse despertado. ⁣

Ciertas fogatas impregnan un olor a la ropa, el pelo y la piel que perdura más que un mal recuerdo. Por suerte, al cruzar el Collado de Toronez d'as Cabretas surgió el ibón. ⁣