jueves, 11 de mayo de 2017

Formación entre fogones

España debe de ser el país en el que la formación y la educación están más contaminados incluso desde la más tierna infancia de nuestros hijos. Se utiliza la formación y educación para trapichear e intercambiar otros cromos con los que satisfacer oscuras necesidades e intereses generalmente vinculados a los poderes de barrio y a los egos de aprendices de la política. Lo más importante que cómo padres, cómo ciudadanos y cómo sociedad podemos dejar a nuestros hijos, y por ende a nuestro país, es su educación y su formación. La herencia económica, el piso de la playa, aquel terreno abandonado en el pueblo o la pequeña mercería del centro los pueden ayudar pero, de la misma manera, los pueden dilapidar y volatilizar. La herencia económica puede, incluso, destrozar sus relaciones familiares para siempre. La buena formación y la buena educación llegan y se quedan.

Desde hace unos días, ciertos medios de comunicación, ciertos comunicadores de lo inmediato y de lo desconocido y, cómo no, las redes sociales se ceban con un Chef muy conocido por su doble condición de cocinero y comunicador. No sé en qué contexto expuso su opinión acerca del papel de los becarios en los restaurantes con estrellas Michelín. Y, sin tiempo de protegerse detrás de una colina y, seguramente, optando por mirar al horizonte, ha visto venir la manada de búfalos a, intentar, destrozarlo.

No soy particularmente seguidor de la cocina de grandes Chefs ni de la cocina moderna. Reconózcome más hombre de tasca, de mesón, de barra o de mesa corrida. De cocina tradicional y de puchero. De cuchara y de platos simples. De tortilla de patata, de croquetas y de txuletón al punto. De calamares y de ensaladilla. Y de albóndigas. Así, simple, sin apellidos, ni "deconstrucciones", ni "desestructuraciones", ni oxigenaciones. Reconozco que la cocina moderna y de diseño tiene su público y que han conseguido crear un producto en el cual se mezclan por igual los buenos ingredientes, el esfuerzo, la investigación, el marketing y la comunicación y la excelente labia de los maestros. Châpeau por ellos porque ellos sí que han sido emprendedores y, la mayoría, viniendo desde abajo. Desde los fogones.

Sin entrar a discutir los casos particulares en los que, probable y seguramente, habrá abusos, cómo en todos los ámbitos de la vida, qué le pregunten a cualquier estudiante de restauración si le gustaría ser becario de alguno de los mejores Chefs del mundo. Y su respuesta es la que nos debe valer. Pasar de la escuela de restauración de tu pequeña comunidad autónoma a los fogones de aquel caserío del norte de España. Pasar de campo de tierra de polideportivo municipal a estadio 5 Estrellas UEFA.

Creo que si a algún aspirante a tenista profesional le ofreciesen la posibilidad de acompañar y entrenar con Rafa Nadal durante un año, habría fila. Y alguno hasta pagaría. Incluso aunque encordase sus raquetas entre set y set, podría aprender a ser buen tenista, y mejor persona, junto al mejor.

Creo que si a algún aspirante a músico de una banda de rock le ofreciesen la posibilidad de tocar y estar en el escenario en la gira mundial de Bruce Springsteen, habría fila. Y alguno hasta pagaría. Incluso aunque tuviese que trotar por un escenario a media luz, con ropa oscura, para sustituir las guitarras cada vez que Bruce cambiase de canción.

Creo que si a algún apasionado de las nuevas tecnologías le ofreciesen instalarse una año en la sede de Apple compartiendo el desarrollo de nuevos productos, habría fila. Y alguno hasta pagaría. Incluso aunque tuviese que pasar el dedo cientos de veces por la pantalla del nuevo iPhone para ver si funciona cuando está mojada.

La formación reglada, en colegios, institutos, universidades y hasta escuelas de negocios, está muy bien pero lejos de ser suficiente. El analfabetismo, en muchos casos, puede ser absoluto al incorporarse a un centro de trabajo. La formación continúa con la práctica y poder hacerlo con los mejores es una suerte. Por ello hay tantos que quieren hacerlo.

Fui becario en el extranjero. Me ayudaron con el alojamiento y la manutención. Y ni se me ocurrió pensar que me explotaban al estilo revolución industrial. Me ayudó a formarme en mi profesión pero sobre todo en la vida. Conozco de primera mano algún restaurante estrella Michelín que cuenta con becarios que se forman trabajando en su cocina, su sala y su bodega de la mano de los que saben. Pondría no una mano sino las dos y los dos pies en el fuego para asegurar que al final de su periodo de formación abandonan las paredes de la casa de esa entrañable familia con una enorme pena por irse pero inmensamente agradecidos por lo recibido. Formación y trato. Seguro.

¿Pagamos cursillos al salir de trabajar por aprender a hacer sushi para las cenas con colegas de los viernes y no estamos dispuestos a completar nuestra formación con los mejores, en sus cocinas, durante un relativo corto periodo de tiempo?
Cómo en todo lo que afecta a la educación, los franceses lo tienen más claro y a eso lo llaman "stage". Yo lo fui y mis hijos lo han tenido que ser ya en su periodo escolar cómo parte de su formación.

Existen enormes abusos en las condiciones laborales de muchas personas, en muchos ámbitos y sectores de la economía. Seguramente también en algunos trabajos asalariados camuflados en becarios. Pero quizás tomándonos la educación y la formación en serio fuésemos capaces de acabar con ello en un futuro.







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