miércoles, 8 de abril de 2020

Coger un capazo a tiempo

"¿Venís de arriba? ¿Nos queda mucho?"

La respuesta siempre suele ser optimista.

Coger un capazo en plena subida con alguno al que llevas un rato siguiendo con la mirada permite, además de descansar sin remordimientos, ver lo que falta con sus ojos. Él viene de dónde tú vas. Siempre suele ser más optimista su visión porque, de alguna manera, él también desea que lo pises con tus pies.

"No queda nada. Lo que ves y ya llegas. Unos treinta minutos"

Suele ser algo más. Bastante más porque siempre hay camino que no ves. Pero eso ya lo sabes y cuentas con ello.

"Suerte. Disfruta"

"Aupa"

Entre medias nos contamos media vida con la complicidad de los amigos de siempre. Con mucha suerte podremos coincidir más tarde en el refugio pero seguramente no nos volveremos a ver jamás.

Hay encuentros fortuitos en los lugares adecuados y en los momentos oportunos. Conversaciones que jamás se producirían en un andén, en un semáforo o en un atasco.

Lugares en los que hablar con alguien no es pedir, no es negociar, no es engañar. Son lugares en los que hablar es casi siempre dar.

Saquemos la felicidad a pasear en estos días más tristes

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martes, 7 de abril de 2020

El rodillo

Creo que llegados al día veintipico ya podemos reconocer, sin rubor pero con conocimiento, que hacer rodillo con la bici es muy aburrido.

Menos mal que pude conseguir uno unos días antes de encerrarnos. Gracias a eso puedo seguir con las rutinas deportivas. Pero es tremendamente aburrido y me cuesta tanto creer que alguien se divierta aún poniéndose en la pantalla de la tableta el recorrido de la Quebrantahuesos o la etapa reina del Tour...

A partir del minuto 35 ya hay que tirar de recuerdos. Todos disponemos de una despensa llena.

Yo suelo buscar en la estantería de las delicatessen. Y, entonces, los minutos empiezan a volar.

O, por lo menos, eso intento.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

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lunes, 6 de abril de 2020

Bonita palabra es escampar

Hicimos caso al guarda del refugio e iniciamos inmediatamente el descenso. Iba a ser bastante largo así que, en silencio, los tres nos pusimos en fila, se nos tensaron los músculos y subimos el ritmo. En ciertos momentos, cuando las cosas se complican, suelen coincidir las conclusiones: lo importante es que alguien las aplique.

Nadie dudaba de que nos iba a pillar la tormenta pero cuanto más abajo, mejor.

Hasta ese momento todo había sido primaveral. Habíamos madrugado bastante para poder llegar hasta la cima. La previsión meteorológica no incluía tormentas lo que nunca significa que no puedan organizarse y liártela. Íbamos convenientemente equipados, disfrutando y con los ojos bien abiertos.

"Démonos vida"

Jamás he visto caer tanto agua con tan mala leche. En unos segundos aquello se convirtió en un campo de batalla en el que de nada servía ni correr, ni buscar, ni siquiera pensar en dónde refugiarse. No había nada más que cielo negro abriéndose las tripas para que escaparan rayos y sonasen truenos. Latigazos. Unos cerca, otros más lejos. No había nada dónde guarecernos. Sabía que encontraríamos un refugio más abajo pero quedaba un rato bien largo.

Hay tormentas que parecen ser la última, la que no tendrá un fin ni un después. Ésta lo era.

El grupo es lo que cuenta y lo que hay que mantener. Cuando aquello arreció nos juntamos unos segundos, nos protegimos del viento, nos abrazamos, algo nos dijimos que no recuerdo y ya no quedó duda de que llegaríamos abajo. Nos habíamos armado de confianza.

En cualquier caso, todo seguía muy oscuro.

Desde algún lado que nunca entendimos apareció una pareja desorientada. Nos debieron ver a lo lejos y esperaron que llegásemos. Aún teníamos que cruzar un pequeño nevero y no tenían claro cómo hacerlo. Hay ciertas cosas que juntos, mejor. No hicieron falta palabras. A partir de ese momento fuimos cinco. Lo cruzamos sin problemas y ya sólo quedaba caminar. En realidad hubo alguno pero pronto lo olvidamos.

Los que ya se habían refugiado nos divisaron antes que nosotros a ellos. Según nos contaron, nos veían desde hacía rato pero nosotros sólo los imaginábamos. Desde una pequeña ventana lateral iban contando los pequeños grupos que llegaban. Nosotros fuimos los últimos.

Era una muy simple construcción para ganaderos. Algo sucia, la verdad. Hay gente que nunca piensa que tras ellos vienen otros y que sus restos de basura no aportan nada bueno. Hay gente que no sabe qué huellas dejar y sólo dejan sus restos de suciedad. Física y de la otra que es peor.

Esa borda no tenía nada pero en aquel momento lo tenía todo. Tenía un techo y un grupo de gente que, sonriendo y animando, nos acogió al llegar, nos hizo hueco al fondo y nos acompañó mientras escampaba. Tratamos de secarnos, rescatar algo de ropa seca de la mochila y esperar.

Decidimos organizarnos y salir juntos. En varios grupos y en una larga fila, uno por uno, fuimos llegando al puente que cruza el río Ara en Bujaruelo.

Es un puente románico del siglo XIII por el que han cruzado miles de contrabandistas, peregrinos y los últimos, hasta ese momento, fuimos nosotros levantando los brazos al cielo.

Empezaba a escampar.


Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes

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sábado, 4 de abril de 2020

Por fin los sarrios

Por fin los sarrios.

Extrañamente no huyeron sino que quisieron acompañarnos en la bajada. Seguro que ellos también deseaban hacerlo junto a nosotros. Quizás sintieron nuestra alegría de estar ahí con ellos y nadie más.

Estuvieron observándonos en nuestra lenta subida. Ellos lo hubieran hecho de otro modo. Pero ellos pueden. Nosotros necesitamos recursos físico y técnicos y seguir una huella que traza zetas.

Era una manada numerosa y ese día pudimos disfrutar de algo que difícilmente se repetirá. Normalmente miran y huyen. Ese día miraron, esperaron y nos invitaron a seguirlos.

Hasta abajo, cuando decidieron volver a subir y nosotros a sonreír.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

( mientras escribía este post no he dejado de tararear a @McEnroebanda, @PalmeraSmith y @TheNewRaemon en su "Por fin los ciervos")

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viernes, 3 de abril de 2020

Durandal

Casi todos los años subimos a buscar a Durandal.

Qué bien que no la encontramos. Así hay que seguir buscando. Y volviendo.

Saquemos todos las felicidad a pasear en estos días más tristes.

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jueves, 2 de abril de 2020

Instantes

Son mucho más que instantes congelados. La mayoría de las veces son consecuencia de decisiones conjuntas, pensadas y optimistas.

Si aquel día, bajo una lluvia que ocultaba cualquier posibilidad de que el cielo despejase, no hubiésemos decidido equiparnos y tirar para arriba ni hubiéramos conocido a Canelo ni disfrutado de un silencio abrumador.

Todo invitaba a quedarse para no regresar a lo que, sin saberlo, se avecinaba.

A la vuelta, ya en el coche, comentamos:

"Qué habrá pasado hoy? En ningún instante he pensado en otra cosa que no fuese en el disfrute de dónde estábamos. Qué lejos hemos estado de todo"

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

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miércoles, 1 de abril de 2020

Tanto por venir

Aún, en algún valle, queda tanto viento por venir a encontrarnos de frente.

Aún, en alguna nube, queda tanto agua que caer sobre nuestra cara sonriente.

Aún, en cualquier cordillera, quedan cimas que alcanzar con nuestras botas embarradas.

Aún, en cualquier costa, queda tanta arena que sentir contra los pies descalzos.

Qué nada, ni sobre todo nadie, nos robe la esperanza.

Saquemos todos la felicidad a pasear en estos días más tristes.

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