Era un restaurante familiar en el que todos echaban una mano los fines de semana. En la esquina, una mujer que parecía ser la cocinera, dueña y madre, descansaba y miraba discretamente con una mezcla de fatiga y orgullo.
Un hombre salió desde el comedor, se acercó a la barra y pidió lotería. Sus gestos dejaban ver cercanía.
- No nos queda. Tendrás que volver el viernes. Este año nos la quitan de las manos
- No te preocupes. Volveremos. Por cierto, estaba todo buenísimo, como siempre. Díselo a tu madre.
- Muchas gracias.
- ¿Hasta cuándo estáis?
- Hasta marzo seguimos abiertos. Después cerramos. Esperemos que llegue alguien que quiera continuar porque han sido muchos años.
Esta frase, pronunciada con esa mirada, encerraba mucho más que un deseo.
Pidió la cuenta y supusimos que invitó a los que aún lo esperaban en la mesa.
Al salir miramos de nuevo la fachada y descubrimos el anuncio que no nos llamó la atención al llegar.
”Se vende”
Otro de los últimos.
#SacaLaFelicidadAPasear

No hay comentarios:
Publicar un comentario