domingo, 31 de diciembre de 2023

Decirlo bien pero hacerlo mejor

Varias veces, este año que termina, he comentado una anécdota que me ocurrió en uno de mis primeros trabajos. Coincidí con un jefe que, imagino con su mejor intención y ciertas dosis de egoísmo, disertó en un viaje en coche acerca de las oportunidades, los trenes que pasan una sola vez y el aprovechamiento que hay que hacer de ellas. Todo su discurso lo ilustró con ejemplos personales que yo escuché muy atento tratando de aprender de su experiencia.

Unos meses después, por una serie de circunstancias y por mi propio esfuerzo personal, en otro viaje en coche, tuve que anunciarle, con cierto temor, mi dimisión. Dejaba el trabajo y abrazaba un sueño en otro sitio. Había recibido una oferta que encajaba perfectamente en mis deseos. Me costó mucho tiempo previo planificar ese instante que intuía iba a impactar.

Siendo yo muy joven aún, su reacción me dejó atónito y muy decepcionado. En cierta medida, yo me limité a seguir los consejos que, en forma de palabras, él mismo me transmitió unos meses antes. Nuestro corto diálogo concluyó con un seco, frío y retador: "¡Eso no se le hace a una empresa!". Fueron sus últimas palabras antes de invitarme a bajar en un semáforo. Nunca más se dirigió a mi e incluso me vetó en la inmediata comida de Navidad de la empresa. Viví sus palabras frente a sus actos.

¿Y a qué viene todo esto?

En un año en el que todo valió, la vida nos ha vuelto a mostrar que el exceso de palabras no siempre coincide con la realidad de los hechos.

Res non verba decían los romanos para expresar su desacuerdo frente a la inacción de los poderosos. "No son las palabras, son los hechos", respondió un día el Cholo Simeone.

Para lo bueno y también para lo malo, lo que hacemos nos desnuda ante lo que decimos. Digámoslo bien pero, por encima de todo, hagámoslo mejor. 

Porque, si nos miramos dentro, no es lo mismo un oportuno e inesperado abrazo que un indescifrable, frío  y facilón emoticono.

Feliz 2024, cercano, coherente y con hechos.




sábado, 16 de septiembre de 2023

Otro de los últimos

Llegamos tarde a la barra del bar y pedimos unas cervezas. En el comedor aún había cierto barullo de platos, cubiertos y voces. Meri no paraba de llevar bandejas con cafés que preparaba su hermano. Todavía olía a platos ricos de montaña y, sobre todo, no molestaba ninguna televisión a pleno volumen. 

- Perdón. Ya imagino que es tarde pero ¿estaríamos a tiempo de pedir unos huevos con picadillo aunque sea en la barra?

- Lo siento. La cocina ya está cerrada. Puedo ofrecerles algún bocadillo.


Era un restaurante familiar en el que todos echaban una mano los fines de semana. En la esquina, una mujer que parecía ser la cocinera, dueña y madre, descansaba y miraba discretamente con una mezcla de fatiga y orgullo. 


Un hombre salió desde el comedor, se acercó a la barra y pidió lotería. Sus gestos dejaban ver cercanía. 


- No nos queda. Tendrás que volver el viernes. Este año nos la quitan de las manos


- No te preocupes. Volveremos. Por cierto, estaba todo buenísimo, como siempre. Díselo a tu madre.


- Muchas gracias.


- ¿Hasta cuándo estáis?


- Hasta marzo seguimos abiertos. Después cerramos. Esperemos que llegue alguien que quiera continuar porque han sido muchos años.


Esta frase, pronunciada con esa mirada, encerraba mucho más que un deseo. 


Pidió la cuenta y supusimos que invitó a los que aún lo esperaban en la mesa. 


Al salir miramos de nuevo la fachada y descubrimos el anuncio que no nos llamó la atención al llegar. 


”Se vende”


Otro de los últimos. 



#SacaLaFelicidadAPasear⁣⁣⁣







sábado, 11 de marzo de 2023

Reuniones de personas

Los que recorremos montañas sabemos que, en cada salida, existen situaciones a veces espontáneas, a veces planificadas y otras forzadas, en las que el grupo se vuelve a reunir ya sea por cansancio, ya sea para compartir, ya sea por seguridad. Cada jornada la iniciamos juntos, hacemos cima juntos y terminamos juntos. Pero durante el día, el recorrido, el diferente físico, los ritmos de cada uno o simples decisiones personales nos llevan a caminar solos aún sabiendo que no lo estamos. Hasta reagruparnos.

Son esas reuniones espontáneas, planificadas o forzadas las que nos permiten comentar el paisaje, compartir, conocer cómo se encuentra el resto, analizar alternativas, decidir. Rara vez, salvo absoluta emergencia o necesidad, esto se hace a grito pelado, con un walkie o mediante señales con los brazos. Volver a coincidir todos en un punto permite recobrar fuerzas que tal vez no tengamos, levantar expectativas, apaciguar temores, generar confianza, compartir recursos, provocar sensaciones, explotar carcajadas, recordar anécdotas, centrar objetivos, cambiar de rumbo.

Cada uno juega su papel y todos son importantes porque el éxito del grupo depende de cada uno de sus miembros. Si se rompe un eslabón, se rompe la cadena. Y cuando llega el último no se echa a correr sino que se espera a que se recupere él también.

"Seguimos que nos quedamos fríos"; "¿Estás ya mejor?"; "Un rato más y ya estamos"; "Si quieres lo dejamos y volvemos otro día"; "Hemos venido juntos y volvemos juntos"; "Qué bien se está aquí, somos unos privilegiados"; "¿Veis aquello? Tenemos que ir"; "Aquella montaña la llevo aquí tatuada"; "¿Te queda agua?"; "Hoy voy fundido. Dormí fatal"; No lo conocía. Es brutal"; "Ayúdame con esto, por favor".

De un tiempo a esta parte, las prisas, la tecnología, el COVID, la excesiva comodidad y ciertas modas y modos de vida han hecho que las videollamadas, los Teams, los Zooms irrumpan en nuestro día a día profesional ( y personal ) disminuyendo drásticamente la interacción presencial y el contacto humano. Con sus evidentes ventajas en muchas circunstancias, también están impidiendo disfrutar de los beneficios de la cercanía, la espontaneidad, la mirada a los ojos y la complicidad de la post reunión. Quizás demasiado trabajo en soledad desperdiciando los beneficios, la fuerza y la creatividad del grupo. Quizás demasiada distancia para poder aprender de los que más saben. Quizás demasiada información que no logra viajar por la red.

La montaña es una fuente de riqueza para muchos aspectos de nuestra vida cotidiana. Los reagrupamientos a los que hacía referencia al principio forman parte de la esencia misma del montañismo y son fundamentales para el éxito global de cualquier actividad, sea del nivel que sea. Tal vez en la vida profesional deberíamos tomar ejemplo y mantener el contacto humano directo en lugar de multiplicar la dependencia y las carencias de las pantallas. El proyecto común y las personas que lo hacen posible sin duda alguna lo agradecerán.