La bajada había sido larga. Estuve un buen rato sopesando el parar o no para liberarme de la pequeña piedra que, intuía, me estaba abrasando el dedo meñique del pie izquierdo. Sin embargo, sólo pensar en quitarme la mochila y desatar las botas me mantuvo firme caminando ladera abajo soportando esa fina pero aguda molestia. De vez en cuando, trataba inútilmente de mover el pie o dar pequeños golpes con el lateral de la bota sin conseguir resultado alguno. En un momento dado, me dije a mí mismo que no había otra opción que aguantar hasta llegar al final y que me fuese olvidando de las molestias
No me había fijado en él sentado sobre un viejo tronco al borde de la carretera.
Sí que saludé a todos los que subían a deshoras. Algunos incluso preguntaban cuánto quedaba hasta el refugio con un sorprendente entusiasmo que me producía cierta sorpresa mezclada con incredulidad.
"¿Dónde irán a estas horas y con niños tan pequeños?"
Me debía de haber estado siguiendo con la mirada desde hacía un rato. La bajada era limpia y permitía observar todo el recorrido. Parecía bien equipado.
- "Quelle chance vous avez de pouvoir marcher comme ça. Profitez-en!" ( Qué suerte tiene de poder caminar así. ¡Aprovéchelo! )
Es lo primero que me dijo. Mantuvo una mirada limpia a la que que yo contesté con una leve sonrisa.
- "¡Merci Monsieur!. Desde luego. Hay que aprovechar mientras se pueda."
El idioma francés, con sus formas de respeto, sigue manteniendo una corrección entre desconocidos que provoca una mayor cercanía que la que se pretende con el falso e inmediato tuteo. Se notaba que tenía ganas de compartir algún rato de conversación. Desconocía qué hacía allí solo ni cuánto tiempo llevaba mirando a la montaña.
Hacía un día azul. Ni una nube. Durante toda mi bajada sólo escuché los cencerros de algunos caballos pastando y las hélices del helicóptero de rescate de la Gendarmerie. Alguien habría tenido problemas en el Midi d´Ossau, majestuosa mole que destaca en todo el valle.
- "Venía mucho a esta montaña. Nos gustaba mucho subir por ese lado de la ladera para después bajar al otro lado del valle y llegar a los lagos de Bious Artigues y de Ayous. Ahora ya no puedo pero me suben hasta aquí para que pueda verlos a ustedes. Le llevo siguiendo desde que apareció por allí arriba - me dijo señalando a lo lejos - y tiene mucha suerte de poder caminar así. Aproveche, no deje de hacerlo"
Ahora sí que me quité la mochila y me acomodé cerca de él. Le describí lo que había hecho durante el día y él disfrutaba contándome anécdotas. Parecía recorrer el terreno buscando en sus recuerdos y se le iluminaban los ojos cuando le describía lo que, sin duda alguna, conocía mejor que yo.
- ¿Sabe Ud? Yo ya tengo noventa y dos años y no podría hacer esos esfuerzos. ¿A qué no lo parece? Estoy muy bien pero ya no podré volver allí arriba"
Tenía un aspecto envidiable y aparentaba veinte años menos. Se levantó e hizo flexiones con las piernas para demostrármelo entre risas.
- "Soy de Pau, a una hora de aquí. Allí es todo plano. Y sigo caminando mis cinco kilómetros diarios"
- "Tiene Ud. suerte. Pau es una ciudad magnífica. Seguro que camina Ud. a lo largo del río"
- "Lo hago a diario, cinco kilómetros", insistió.
- "No deje de hacerlo mientras pueda", le respondí.
- "Me gusta venir aquí. Ya sólo miro y también respiro. Me gusta la montaña cuando hace algo de frío: tiene un olor que atrapa."
Me explicó que uno de sus nietos le hacía de chófer. Aun así, me confesó que sube menos de lo que le gustaría pero que trataría de seguir manteniendo este hábito.
A lo lejos vio venir un coche naranja. Ya volvían puntualmente a recogerle.
Se levantó, se acercó a mi y me cogió del brazo.
- "Muchas gracias por este rato. Ha sido Ud. muy agradable. Recuerde lo que le ha dicho este viejo de noventa y dos años: aproveche y no deje de hacerlo. Tiene Ud. mucha suerte de poder caminar así"
Observé con qué cariño le saludó su nieto, cómo se instaló en el asiento del copiloto e imaginé su conversación de bajada hacia Pau.
Me dirigí a mi coche sin perder de vista el suyo. Ya no me molestaba la piedra en la bota.
¿Quién le va a llevar ahora la contraria?
#SacaLaFelicidadAPasear
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