Ya no llegan postales escritas a mano y es cuando más las necesitamos.
Hace unos días recibí, como recuerdo de una travesía, esta foto. Sentados en ese mismo banco, almorzando a media mañana, la vimos llegar. Tengo especial debilidad por los montañeros o caminantes solitarios. Siempre los acompaña una conversación para compartir. Espontáneamente, intercambiamos las habituales introducciones con la certeza de que iríamos coincidiendo en nuestra ruta. En cada parada un poco más y cada vez más confianza.
Días después, nos despedimos horas antes de la gran tormenta que ella prefirió retar arriba mientras nosotros optamos por retroceder algo. Esa noche apenas pudimos pegar ojo y la imaginamos sola entre rayos, truenos y trombas de agua que, en lo negro, parecen no tener fin.
Meses después, en mitad de una enorme nevada, ha vuelto a pasar por el lugar en el que nos conocimos. Volvía a pasar sola "con la compañía silenciosa de la nieve". Hizo esta foto y me la mandó como un recuerdo "de felicidad salvaje".
Me la mandó por WhatsApp pero, estoy convencido, que de haber conocido mi dirección, hubiese escrito una postal a mano y la hubiera enviado por correo.
#SacaLaFelicidadAPasear

No hay comentarios:
Publicar un comentario