"¿Te imaginas que estás dónde tú quieres estar, te caes y no hay ninguna mano que te ayude? Entonces el dolor es doble"
Escuché esta frase a un paseante anónimo hace un par de semanas mientras corría una mañana soleada, sin cierzo, por la orilla del Canal. Eran cinco y conversaban mientras caminaban. Cinco vidas, cinco historias en cada uno de ellos.
Nos alejamos y ya tuve a qué darle vueltas durante mi ida y mi vuelta. Y desde entonces varias veces al día.
No sé si ayer Mariano lo vio caer pero lo fue a ayudar para que no sufriera. O sufriera menos. Sin conocerlo. Seguramente le dio tiempo a pensar que era injusto. Seguramente su mujer, Isabel, lo miró angustiada.
A ese hombre, mayor, lo estaban agrediendo en Getafe. Impunemente, en plena tarde y a las puertas de una parada de Metro.
Mariano era un hombre trabajador, afable, responsable y bueno. Formaba parte de eso llaman "la gente" y que a muchos les viene muy grande. Se acercó a ayudar, a poner cordura, sentido común. Y ya no está.
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