miércoles, 31 de agosto de 2022

Escuchar en un collado

Aún era temprano pero ambos aprovechamos el mismo collado para descansar.

Lo divisé a lo lejos por el color de la ropa que destacaba entre tanta roca. Supongo que él me siguió con la mirada mientras yo recorría la última diagonal.

Me senté a su lado.

- ¿Te importa?

- Incluso te lo agradezco.

Me contó que llevaba ya treinta y tantos días de travesía en solitario desde el Cabo Higuer aunque en las etapas iniciales lo acompañó su mujer. No tenía prisa y no se fijaba estrictos objetivos. Chino chano. Seguía el itinerario que le marcaba un plano que abrió delante de mi y que después tuvimos que volver a doblar entre los dos.

- El viento de los collados, me dijo sonriendo mientras tratábamos de utilizar los pliegos antiguos del mapa para devolverlo al bolsillo de la mochila.

De vez en cuando prefería elegir variantes menos habituales que la naturaleza, el paso del tiempo y la ausencia de montañeros convertían en intransitables. Irremediablemente eso le había hecho pasar algún susto que sólo iba a compartir con quién lo entendiese.

Su modo de hablar era pausado y no hacía un uso exagerado de un lenguaje rebuscado. Aún así, era evidente que se trataba de una persona culta y con amplios conocimientos fruto de los casi setenta años que aparentaba. La singularidad del timbre de algunas de las vocales evidenciaba su origen catalán.

El día era excesivamente caluroso. Esta incomodidad, añadida a la dureza del terreno, a los desniveles que se iban acumulando y a los kilómetros que diariamente se iban sumando, empujaba a conversar y a alargar la pausa.

- No entiendo cómo algunos pueden llevar mochilas tan pequeñas y ligeras. Llevo lo mínimo indispensable, evito los "por si acaso", pero no bajo de los 12 kilos. Me anima comprobar que tú vas igual.

No tardamos mucho en abandonar los detalles técnicos de la ruta y en adentrarnos en terrenos más personales.

- Una travesía se convierte en algo mucho más especial cuando se tiene la suerte de poder iniciarla desde la misma puerta de tu casa, cerrando uno mismo la puerta, con la mochila ya colocada y las botas puestas.

- ¿Sabes una cosa? Yo no pude hacer eso pero dentro de unas semanas, no sé cuántas, mi ruta prevista pasará justo por una casa que tenemos en el Pirineo de Gerona. Muchos de mis amigos quieren coincidir allí conmigo. El problema es que mi planificación es incierta y ellos casi me exigen saber qué día llegaré. Tendrán que amoldarse porque yo seguiré mi propio ritmo. Me hace mucha ilusión pasar por mi casa y luego continuar hacia el Cabo de Creus.

Repasamos lugares, anécdotas, personas que nos marcaron. También hubo silencios mirando al Vignemale y comprobando lo pequeños que somos en medio de tanta inmensidad.

- Estos momento y estos encuentros casuales siempre me hacen pensar en lo privilegiados que somos. Hoy, al amanecer, ni siquiera sabía si coincidiría con alguien en todo el día. Y, unas horas más tarde, estamos compartiendo mucho de lo que llevamos dentro sin ni siquiera saber cómo nos llamamos.

- Tienes razón, me dijo. Pero el verdadero privilegio es poder encontrar a alguien que realmente te escuche.





4 comentarios:

  1. Magnífico, como siempre un placer leerte

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  2. Muchas gracias. Lástima no saber quién eres

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  3. Me he encontrado esta entrada de blog por casualidad y me alegra mucho haberlo podido leer. Qué bonito es ver que hay gente que aún disfruta de las cosas aparentemente tan sencillas, como una buena conversación durante un alto en el camino. Un abrazo. Maier (fuimos compañeros hace muchos años. Tantos que posiblemente ni lo recuerdes).

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  4. ¡Muchas gracias! Creo adivinar quién puedes ser ¡no pasó aún tanto tiempo!

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