miércoles, 19 de junio de 2019

Mi particular tío Toni

Hacía mucho tiempo que no sabía de él. Hace unas semanas, una amiga que teníamos en común me contó que ya no se encontraba bien y que todo estaba complicándose. Entendí que se estaba yendo y así se lo hice saber a mis hermanos.
Desde hace unos días Catete ya no está.
Un buen entrenador es aquel que consigue transmitirte pasión por el deporte y gracias al cual uno acude a entrenar muchas más horas de las que marca su planificación personal. Catete era nuestro entrenador de tenis pero nos hacía amar el deporte en el sentido amplio, fomentándonos cualquier otro tipo de actividad, incluida la preparación física de pretemporada. Entendía el deporte como escuela formativa y de valores. 
A diferencia de muchos de los que hay ahora, no nos entrenaba para su lucimiento personal ni fomentaba la competición y la victoria cómo único objetivo. Quería que jugásemos y que lo hiciéramos bien. Que nos esforzáramos divirtiéndonos. Y que disfrutáramos. 
No conozco a nadie que abandonase el tenis por culpa de sus entrenamientos: jamás hubo un desprecio hacia nadie, ni una mirada por encima del hombro, ni una exigencia injustificada, ni un "tú no vales", ni una odiosa comparación. De vez en cuando había alguna bronca, sí, pero sus sesiones siempre acababan con sonrisas, bromas y un "os espero mañana". Sabía perfectamente combinar el rigor y la disciplina con el placer de entrenar. Amaba lo que hacía.
Su voz se oía de pista a pista y aún escucho sus risas llamándonos a cada uno por nuestro nombre o, cariñosamente, por nuestro apellido. Cuántas emociones y cuántos sentimientos aún perduran entre ese rectángulo con red que configura una simple pista de tenis. Él a un lado, nosotros al otro sin darnos cuenta que teníamos enfrente a uno de los mejores.
Gracias Catete. Ninguno fuimos Rafa Nadal pero todos tuvimos en ti a nuestro particular tío Toni.





No hay comentarios:

Publicar un comentario