Pese a que aquel día también amaneció despejado, de una manera desconocida e inesperada, la distancia dejó de medirse en kilómetros y empezó a transformarse en días que, más tarde, fueron meses y años. Aún así, creían continuamente compartir la certeza de la fragilidad del tiempo y la esperanza de su espontánea ruptura.
Desde muy jóvenes habían tejido redes de colores.
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