Durante un tiempo creímos que íbamos a salir mejores. ¿Quién no recuerda aquellas campañas, discursos, promesas y #hashtags?. De alguna manera muchos nos lo creímos porque lo necesitábamos. Durante aquellas largas semanas de primavera, llamábamos o escribíamos y nos contestaban. ¿Recuerdas?. Pero salimos iguales y en peores circunstancias.
¿Por qué ya no se contesta igual? No me refiero al que pregunta por cotilleo o compromiso sino a aquel que dedicó tiempo, esfuerzo e interés, aquel que buscó destinatarios, aquel que venció timideces, miedos u orgullos, aquel que cuidó su redacción y repasó su gramática, aquel que lo necesita, aquel que sigue esperando respuesta y que no entiende de incómodos e inoportunos silencios.
Hoy muchos nos felicitaremos, a muchos nos felicitarán y nos enviaremos los mejores deseos para el Año Nuevo. Recibiremos todo tipo de respuestas: rápidas, previstas, enlatadas, preparadas, repetitivas, personales, reflexivas y hasta sentidas. Todas ellas se agradecen en Nochevieja.
También habrá silencios como cuando se ignora a un optimista "¡buenos días!" que regala un desconocido.
Entre todos esos deseos para el Año Nuevo, yo añadiría uno más: contestemos antes de que las respuestas no lleguen a tiempo, contestemos al que nos preguntó, contestemos al que, probablemente, lo esté esperando, contestemos incluso al que ya ni lo espera.
En muchas ocasiones, una respuesta es la única solución a un vacío y no obtenerla lo agranda.
Te deseo que en este 2023 no te quedes sin respuestas y que todos hagamos un esfuerzo por contestar. Y que la falta de tiempo nunca sea una excusa.
#SacaLaFelicidadAPasear
