miércoles, 6 de agosto de 2014

Gotas de agua, diseño de interiores y Crocs

Cuando se enfrentó a la paleta de colores tenía muy claro que él (o ella) nunca continuaría en la cocina tras el desayuno.

Lo suyo no iba a ser cortar tomates, pimientos, pepino y, quizás, un poco de ajo para preparar un gazpacho a primera hora de la mañana. Nunca pondría la barra de pan encima de la encimera para cortar la barra en ocho pedazos. Pensaba que los huevos ya los venden fritos y envasados y que el melón no tiene pepitas. Comentaba con los compañeros que su lavaplatos se vaciaba solo

Las sobremesas, por supuesto, eran tardes de mus y patxarán en la terraza.

Cuando se enfrentó a la paleta de colores nunca sospechó que una gota de agua, ya sea la que salta del fregadero al escurrir una sartén, la que cae desde una tupperware que, tras volcarse en el lavaplatos, vuela hacia su cajón, la de la botella de agua que, rellena, vuelve a la nevera, la de la plancha de vapor repasando el cuello de una camisa o la de mismísima frente sudorosa, se convierte en una cojonera mancha negra en cuanto la pisa un zueco Crocs.

Está cuando te levantas. Sigue cuando llegas con la compra. Se multiplica cuando cocinas. Al recoger la mesa ya ni la miras. Escobas y friegas y, antes de cerrar la puerta, ya has vuelto a pisar otra vez con las Crocs la última gota de agua que consigue escaparse del cubo. Te gana siempre. Y vuelta a empezar

Cuando se enfrentó a la paleta de colores y optó por el blanco para el suelo nunca pensó que las cocinas se utilizan, se pisan, se manchan y hay que limpiarlas. Y nunca pensó que se inventarían las Crocs.

Cuando se enfrentó a la paleta de colores, él (o ella) pensaba que sólo eran escenarios de revistas de diseño.

Y ni las Crocs están hechas para el diseño ni el blanco para los suelos de las cocinas.